Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Isabel Menéndez Benavente

Tormenta de ideas

Isabel Menéndez Benavente

Aplausos y libertad de expresión

El caos no está solo en la gestión de la pandemia o en el protocolo de vacunación, que es un auténtico desastre. El caos se masca en la vida que nos rodea, en un Gobierno que ha perdido toda credibilidad porque asistimos perplejos a la lucha interna, al cruce de cuchillos que producen heridas no solo entre los miembros de ese gobierno, sino también a los sufridores ciudadanos que asistimos a este drama, desde la impotencia y la rabia.

Ahora no se aplauden en el Congreso. Resulta que no se pueden ni ver, y desde la presidencia y la vicepresidencia, como si fueran niños en plena pataleta, no se recompensan con palmas en las intervenciones en el Congreso, como máximo castigo a los desmanes a los que nos tiene acostumbrados nuestro vicepresidente. Aunque todos los mortales entendamos que hay líneas rojas que bajo ningún concepto deben cruzarse, vemos boquiabiertos cómo el vicepresidente las cruza sin despeinarse. Y aquí no pasa nada. Uy, perdón, sí pasa, que se ponen todos de acuerdo, nos enfadamos y no aplaudimos… Y a la seño vas. Y es que mientras que nuestro vicepresidente habla de antidemocracia porque se condena a un rapero que exalta el terrorismo y el odio, y grita por defender la libertad de expresión, por otro lado, no hace más que pedir que existan “elementos de control” en los medios de comunicación. Y con esta incoherencia, con esta desfachatez y esta total contradicción, sigue sentado en el segundo sillón del Gobierno de España. Y no pasa nada.

Y asistimos también a la violencia callejera en Madrid y Barcelona, alentados por el portavoz de un partido, que sí, resulta que es parte de “nuestro gobierno”, un Gobierno que calla o declara tímidamente que la violencia no es propia de la democracia, pero que no es capaz de tomar la determinación que muchos ciudadanos esperamos, que exigimos, que es la destitución inmediata de quien no se merece ostentar un cargo que nos represente como es la vicepresidencia. Es una vergüenza que quien ostenta el poder de una nación como la nuestra, no sea capaz de condenar sin paliativos la violencia que se desata con el pretexto de defender una libertad de expresión, que no es tal, puesto que se trata simple y llanamente de amenazas y violencia verbal, que lleva a esta otra que vemos en nuestras calles.

Y sigue ahí, el vice, porque es lo que se necesita para mantener el poder. Y sigue, impertérrito, instando a la lucha por la libertad de opinión y expresión, aunque esa lucha sea como estamos viendo, violenta en las calles mientras exige control para que desde los medios de comunicación no se hable según de qué cosas y quiere amordazarlos, callarlos, por si en algún momento despiertan a esta gran mayoría silenciosa que solo podemos expresarnos precisamente a través de ellos, de los medios, como hago yo en este momento. Esto sí es libertad de expresión, aunque por desgracia, no sirva para nada.

Compartir el artículo

stats