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Maria Lugilde

Figurante sin frase

Recuperación de la capilla de San Esteban del Mar, memoria y futuro de ciudad

He puesto mi mente en cierre perimetral, decidida a levantar controles sólo con buenas nuevas. Me recreo en una, aparentemente discreta, pero de enorme calado en nuestra historia local: la recuperación de la capilla de San Esteban del Mar y su transformación en centro cultural.

Si pudiéramos asistir al devenir de El Natahoyo en los últimos tres siglos y medio, a cámara rápida y desde el aire, la capilla sería el único elemento inamovible, epicentro de un espacio -industrial, obrero, residencial, cultural- en ebullición. La esencia de la identidad de Gijón, materializada en este barrio cuyo testigo ha sido ella. Humilde, comprensiva, servicial, figurante sin frase de vidas y aconteceres.

Alonso Ramírez de Jove y Margarita Valdés Miranda la mandaron construir en 1651 con restos de otra situada en Tremañes. Así quedó reflejado en su escudo. Fue lugar de culto hasta que la historia decidió para ella otros rumbos alejaros de los oficios religiosos.

Antes de eso, fue el lugar desde el que, en 1815, los restos de Gaspar Melchor de Jovellanos emprendieron procesión hacia su sepultura en San Pedro, pasando previamente ante el Real Instituto. El ilustre gijonés había muerto de pulmonía cuatro años antes, agotado, aterrado, en Puerto de Vega. Fue su regreso a casa y nuestra capilla hizo los honores.

Seguramente celebró la colocación de la primera piedra de la Fundación Revillagigedo en 1923, complejo en cuya hermandad ha vivido desde entonces, contemplando las ideas y venidas de adolescentes y jóvenes, hijos de obreros que se formaban en oficios técnicos. Hoy monos azules y EPI para ciclos de Formación Profesional.

En la Guerra Civil fue dispensario que atendió como pudo las urgencias de males, acrecentados por contiendas y hambres. Frente a ella, el lavadero arremolinaba diariamente a las mujeres del barrio para compartir jabones y secretos.

Desde su purgatorio polvoriento como almacén, contempló la creación y entrega a la mar de tantos buques en Naval Gijón. Y los años de movilizaciones que sumaron a sus antiguas heridas de metralla, cicatrices de botes de humo y esquirlas. Hasta quedó retratada para la historia junto al camión que permaneció colgado meses de una de las grúas del astillero.

Contempló reses camino del Matadero, la tenacidad de las buenas gentes de Proyecto Hombre, la recuperación del arenal de Poniente, el nacimiento de Moreda. En los últimos tiempos, el bullir de la Semana Negra, quizás preguntándose que será de las ruinas industriales del naval.

El Rotary Club, la Fundación Revillagigedo y el ayuntamiento han propiciado este regalo. Que desde la memoria se dispone a hacer futuro de ciudad.

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