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Jesús del Campo

Voces y palabras

Sobre los discursos del presidente Pedro Sánchez y los de sus ministros en el gobierno de España

En la eternidad de hace cosa de un año, dijo Sánchez que el Gobierno tendría varias voces pero una sola palabra. No añadió que una sola sintaxis, y fue una buena intuición. La acumulación de ignorancias proferidas desde el poder tiene un efecto: genera desdén en quien no las quiere aguantar, pero ese desdén quizás acarrea también un descuido hacia los ignorantes que, felizmente para ellos, les consolida la impunidad; seguirán soltando chorradas que nadie escucha y seguirán, también, en el puesto que les interesa conservar.

Es este un gobierno con fuerte vocación literaria (otro motivo, ciertamente, para no fiarse de ellos). Que esa vocación cumplida esté acompañada de participios audaces no es contradictorio; para eso se está en el poder: para que se note la ignorancia lo menos posible. El triste estruendo de la pandemia no debe apartarte de la gran pelea central; el que sabe poco quiere que parezca que sabe mucho para de esa forma mandar sobre ti y vivir mejor que tú. La política es un combate por mandar al otro a la obsolescencia. Esa ferocidad empresarial que lleva a las siglas a arrinconar postulados y promesas a cambio de ganar poder y no perderlo es todo lo que importa.

Una vez constatada esa obviedad, te quedas como estabas, pero sabes lo que hay que saber. Sánchez se ha esforzado, hay que decirlo, por mostrar la nueva modernidad con efectos calcinantes sobre todo lo anterior. Con sus opiniones de plástico viene a decir que hay que adaptarse a los cambios de la vida, y que lo que se dijo ayer no vale nada porque hoy es otra cosa. Pone también en evidencia otro asunto peliagudo: no sabíamos cómo de profundas eran las raíces socialdemócratas del PSOE, tan repleto de fichajes cuando pintaron los oros del 82 y ahora, con la partida más fastidiada, pelín dubitativo a la hora de acreditar ideas y plantarse firme donde no lo hace. ¿Será que realmente los socialdemócratas eran pocos? Precisamente en ese combate por mandar al otro a la obsolescencia, quizá el sanchismo se esfuerce por decirnos que las ideas tampoco son tan importantes; basta con surfear la realidad y luego dejar las cosas claras en la gran liturgia de twitter. No hay nada especialmente malo en la trivialidad hasta que necesitas que los luteranos te presten una fortuna para sacarte del marrón en el que estás. ¿Traducirán con subtítulos en la tele holandesa los discursos de la ministra portavoz Montero, que también habla- felizmente- con una sola voz? Pues que se haga. Más Europa ese eso, más conocimiento de todos.

Somos el país que paga quinientos millones a un futbolista mientras, en los hospitales, otra gente que no genera millones se pone el EPI para entrar en una habitación. Y nuestro Gobierno de gramáticos dice tener una sola palabra, aunque no sabemos bien cuál. En fin, es obvio, no podemos estar equivocados.

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