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Paco G. Redondo

Modelo de ciudad

¿Quieren hacer de Gijón una villa medieval?

El gobierno municipal con sus actuaciones hila su modelo de ciudad para ir transformando Gijón. Ahora plantean corredores verdes, suponemos peatonales, para ir desde El Llano hasta el muro de san Lorenzo, antes playa y ahora en pleamar malecón. No han ejecutado la venta de las parcelas del “Solarón”, dividiéndolas para facilitar su compra, para pisos, zona verde y fondos para financiar la estación intermodal. Su modelo de ciudad se basaría en manzanas de pocas viviendas, articuladas en torno a calles y prados para peatones y bicicletas, reduciendo las fábricas y los comercios, los pisos y los coches. ¿Se trata de un modelo de ciudad del siglo XXI o medieval? Entonces las urbes tenían entre 10 y 100.000 habitantes. Ahora las capitales y asimiladas entre 100 y 1.000.000. Según sus funciones tienen unas características.

Lo significativo de las ciudades medievales era su ámbito agropecuario y artesanal. Lo característico de las contemporáneas era en el siglo XX su predominio industrial y ya en el siglo XXI una creciente terciarización. Cada vez hay menos agricultura y fábricas en ellas, y más transportes y comercio, educación y sanidad, ocio y turismo. Vivimos en la época electrónica, audiovisual y de las telecomunicaciones. Ello no implica menos desplazamientos, sino nuevos vehículos. En la Edad Media el caballo, en el siglo XIX el ferrocarril, en el XX el coche, y ya en el XXI se suman los aviones y trenes de alta velocidad. Una ciudad de pocos habitantes, escaso crecimiento económico y desplazamientos a pie se parece más a una villa medieval que a una urbe moderna.

Dos movimientos en la España del siglo XIX y XX se han opuesto a la industrialización liberal: el carlismo o derechismo, tradicional, y el marxismo o izquierdismo, igualitario. Ambos borrados por el progreso histórico. Ahora lo antisistema se manifiesta en otros ismos, caricaturas en su radicalidad: ecologismo, peatonalismo o feminismo. Van contra la globalización, el crecimiento urbano y el económico. Cambian la lucha de clases por la lucha de grupos, espacios o géneros, pero oponen: la prosperidad (ajena) es mala, la incautación (de lo ajeno) es buena. Eso lleva a la mediocridad y el estancamiento, como los gremios medievales que reprimían la iniciativa y el éxito. ¿Queremos ir hacia una villa medieval estancada? Otra opción: hacia una ciudad integrada y pujante, con crecimiento económico sostenible y global.

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