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David Alonso

Los cambios para Cimavilla

La revisión del planeamiento urbanístico del barrio alto

Se plantea para Cimavilla la revisión de la normativa urbanística principal que rige sobre ella, el Plan Especial de Protección y Reforma Interior del barrio de Cimavilla.

En principio se iba a plantear una modificación puntual, un cambio concreto, para acoger el uso como hotel, tras la venta del edificio, de las antiguas oficinas de la Autoridad Portuaria y quizá también, para acoger los nuevos usos, que no sabemos exactamente cuáles van a ser, del edificio de Tabacalera, pero se han decidido por la revisión total del documento.

En los años noventa cuando se realizó el primer Plan, se hizo como consecuencia del abandono en el que estaba inmerso el barrio, con la idea de darle un aire completamente nuevo. Hoy en día establecer el objetivo que debe dotar a este nuevo Plan resulta esencial a la hora de definir hacia dónde se quiere llevar una de las zonas emblemáticas de la ciudad, ciudad de la que forma parte y, para eso, las preguntas que deben hacerse los redactores del nuevo documento no son pocas.

¿Es sostenible la apuesta por el turismo a diestro y siniestro? La modificación para facilitar los usos hoteleros exclusivos, los nuevos usos museísticos previstos o los nuevos usos en Tabacalera, ¿nos llevarán a la creación de un decorado de cartón piedra para visitantes y en donde los gijoneses no se vean reflejados?

No se plantean estas dos preguntas para dejarse llevar por las esencias del pasado que no volverán; no se volverá a ver vender pescado en la calle, no se volverá a ver funcionar la fábrica de tabacos ni otras muchas cosas, lo sabemos. Las actividades que generaron el entorno pueden desaparecer, si bien no olvidarse. Pero lo que no puede desaparecer ni en Cimavilla, ni en El Llano, ni en Pumarín, ni en La Calzada, ni en ningún otro lugar de nuestra ciudad son los pocos elementos que de verdad generan la pertenencia, el sentimiento de arraigo, algo que a través de los instrumentos urbanísticos se puede facilitar, se puede ignorar o directamente se puede arrancar y tirar. Tenemos varios ejemplos en la ciudad, en especial de esto último.

Me refiero, por ejemplo, a que no vamos a recuperar la playa de Pando para el esparcimiento en el Muelle, pero sí podríamos facilitar la estancia sosegada en ese mismo entorno con el nuevo Plan Especial de la zona; o a que deberíamos integrar la antigua Estación del Norte, actual Museo del Ferrocarril, en el futuro plan especial de vías (si es que algún día ve la luz) y sí, claro que sí, deben hacerse los esfuerzos necesarios para que la nueva norma urbanística en Cimavilla mantenga las sinergias del pasado de la gente que habita nuestra ciudad. Es más que un sentimiento, se trata de hacer ciudad.

Entonces, ¿se mantendrá la posibilidad, única, de mantener el uso residencial en la planta baja o se priorizarán las actividades terciarias y/o la hostelería? ¿Se mantendrán las particularidades estéticas de las antiguas fachadas o no? ¿Se abrirán algunos callejones? ¿Se actuarán sobre los solares de manera efectiva con ejecuciones subsidiarias completas que conlleven incluso actuaciones urbanísticas o no? ¿Se recuperará definitivamente el anillo circulatorio como consecuencia de la presencia y para dar servicio al nuevo hotel o será como han insistido los vecinos hasta la saciedad?

Tras las respuestas que se den a esas preguntas y a algunas otras está el futuro desarrollo de una pequeña parte de Gijón, un futuro que puede ser de color de rosa para unos pocos elegidos o del que pueda disfrutar y hacer uso cualquier gijonés. No es cualquier cosa.

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