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FIDEL GARCIA

La Pasión, según San Juan de la Cruz

En la reflexión sobre la Pasión de Cristo existen notables y grandiosas obras, desde la Pasión según San Mateo de J. S. Bach, hasta la segunda parte del memorable oratorio “El Mesías”, de G. Händel, más propio para la Pascua de Resurrección que para de la de Navidad. Así como los oficios de tinieblas de los grandes autores españoles Tomás Luis de Vitoria. Los grandes sonetos de Lope de Vega. Películas grandiosas por su crudo realismo: “La Pasión”, de M. Gibson. Pero hay poema pastoril, elemental tierno y compasivo como es el poema de San Juan de la Cruz, el nunca bastante ponderado y no muy conocido, del poeta más eximio de la lírica universal, que tiene un título muy emotivo: “El pastorcito”. Es una alegoría en la más pura tradición renacentista garcilacista a lo divino, en la que Cristo sufriendo en la Cruz por la salvación de los hombres se lamenta de la ingratitud y abandono a que se ve sometido por parte de la bella pastora, humanidad que ha lastimado su corazón herido y afligido, y por la que ha extendido sus brazos bellos sobre la cruz del Calvario. Este poema elemental y bello es un monólogo del Divino Pastor que entrega su vida en un acto de amor supremo.

San Juan de la Cruz alejado de toda retórica y grandilocuencia barrocas, ha poetizado sin tremendismo desconcertante los momentos más emocionantes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Estos últimos versos resumen perfectamente el contenido del poema: “Y dice el Pastorcito: ¡Ay, desdichado/ de aquel que de mi amor ha hecho ausencia/ y non quiere gozar la mi presencia/ y el pecho del amor muy lastimado// Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado/ sobre un Árbol, do abrió sus brazos bellos/ y muerto, se ha quedado asido de ellos/el pecho del amor muy lastimado”. Son versos que reflejan una acción dramática y cósmica de la historia de la Salvación consumada en el primer Viernes Santo. San Juan de la Cruz fue felicitado por el mismo Jesucristo cuando en una visión-locución sobrenatural le preguntó:

–¿Qué quieres Juan, por lo mucho y bien que has escrito sobre mí?

El Poeta contestó: Padecer y ser despreciado por Vos, Señor.

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