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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Maltrato consentido

El gran puerto de Asturias va quedando postergado ante la impavidez de las autoridades

Con uno de sus grandes pesos judiciales quitado de encima, Fernando M. Rexach, que fuera presidente de la Autoridad Portuaria de Gijón cuando la ampliación, le ha contado en estos papeles al perspicaz Manolo Castro unas cuantas verdades muy grandes. Se ha callado otras porque afectan a terceros que aún giran en el mercado y sacarlas a la luz dañaría su crédito comercial. Lo más importante es que desde que no hay Tini Areces al frente del Principado, el puerto del Musel declina. Baste un párrafo de Rexach para ilustrar la situación: “Cuando estaba Vicente Álvarez Areces de presidente del Principado vinieron tres comisarios europeos al Puerto (…) A todo lo largo del proceso, las dificultades que hubo con las denuncias, él estaba en Bruselas cada dos por tres hablando con los comisarios de turno para indicar cuál era la situación, por eso les decía que vinieran para que vieran cómo era la realidad de las cosas, que no era la milonga que se contaba.”

Fernando, como el búho del chiste, no hacía prácticamente nada, dejando las cosas y las decisiones en manos de Pepe Díaz Rato, bidirector portuario y de las obras de ampliación, pero se fijaba en todo: fue indolente en el actuar, porque sabía que él por sí mismo poco podía hacer, y debía apoyarse en un poder superior que era, naturalmente, el presidente del Gobierno de Asturias. Pero eso no quitaba para que fuese tan tonto como para no percatarse de la situación.

A los sucesores de Tini Areces, Javier Fernández y el actual Adrián Barbón, les falta la sensibilidad o el conocimiento para poner en sus justos términos el inconmensurable impacto económico que tiene para la provincia el puerto. Gallegos, cántabros y vascos sí saben bien y cada uno, en la medida de sus fuerzas, pelea por sus puertos de interés general. Aquí, cunde una peligrosísima indolencia.

Tampoco la gentil dama de Carbayonia que padecemos como alcaldesa de nuestra villa marinera parece no haberse enterado por completo de la crucial importancia portuaria para la ciudad y la provincia: su presencia en los consejos de administración de la APG es como si en la silla se hubiese colocado una sandía. La mujer se limitará a quejarse por la lámina de carbón que suele aparecer en alguna bajamar sobre la arena de San Lorenzo y quedarse tan pancha. Y todos callan. Hasta la Cámara de comercio o la FADE, lo cual no deja de ser otra vergüenza porque ellos son los llamados para que azucen a los poderes públicos a que se pongan en marcha, porque el Musel es una de las claves del futuro económico de Gijón de Asturias.

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