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José Carlos Fernández Sarasola

José Carlos Fernández Sarasola

Concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Gijón

El cambio climático vs. Gijón

Sobre la incidencia medioambiental en la futura transformación del Muro

Apocalipsis

Del lat tardío apocalypsis, y este del gr. ðïêëõøéò apokálypsis “revelación”.

1. m. Fin del mundo. U. t. c. f.

2. m. Situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de la destrucción total. Un apocalipsis nuclear. U. t. c. f.

Hace unas semanas asistí a una jornada sobre la reforma del Muro de San Lorenzo. Las reflexiones que se vertieron fueron muy interesantes, aunque discrepo con alguna de ellas en el ámbito de la movilidad en ese entorno (sigo apostando por doble sentido de circulación, que es el tema más polémico). Sin embargo, sólo fue objeto de noticia lo que comentó el Jefe de la Demarcación de Costas de Asturias, Fernando de la Torre, sobre la necesidad de retranquear el paseo por la “inminente” subida del nivel del mar por el cambio climático. No soy un negacionista del cambio climático, sino mas bien crítico con el carácter apocalíptico con el que se plantea. Creo que los factores ambientales y geológicos de la Tierra es un sistema muy complejo y que no resulta fácil de entender (todavía recuerdo las clases de mecánica de fluidos, y sinceramente, sencillo no es). Ejemplo claro de ello es que no somos capaces de predecir los grandes huracanes o los próximos terremotos o las erupciones volcánicas y así un largo etcétera. Sin ir mas lejos, no hemos sido capaces de modelizar las corrientes en la playa de San Lorenzo y cómo les afecta el súper-dique de El Musel, con los consabidos problemas en la cantidad de arena seca. A los cambios naturales se une la actividad humana: hay que recordar que nos hallamos inmersos en el antropoceno, lo que provoca mayor complejidad.

Hasta ahora sólo disponemos de modelos matemáticos que se van corrigiendo día a día. Además, también hemos de tener en cuenta la creciente sensibilidad medioambiental de la sociedad, que está llevando a cambios en los hábitos de consumo, o a presionar a la industria y las administraciones para que se reduzcan las emisiones de CO2, por lo que es de suponer que los datos de contaminación irán mejorando. Cualquiera que recuerde Gijón hace 20 años dudo que piense que a día de hoy el panorama es idéntico; muy al contrario, parece claro que estamos mucho mejor. Por lo tanto, elaborar un proyecto para el Muro pensando en que en 100 años el nivel del mar puede subir 60 cm es un disparate. Ya puestos a pensar así, lo mejor es ir viendo cómo expropia el Ayuntamiento todos los edificios desde la calle Torcuato Fernández-Miranda hasta la carretera de la Costa, pues hasta ahí llegará la primera línea de costa. Tampoco va a ser necesario pensar en la ubicación de la estación intermodal en Moreda (o en el Museo del Ferrocarril), pues ahí habrá un embarcadero, así que igual debemos de pensar en un ferry. Incluso el Molinón será un estadio de waterpolo y se llegará navegando por el Piles y ya no será necesario el anillo navegable.

Creo que resulta poco creíble. Hace poco se nos decía en una comisión de Urbanismo que una obra como la futura, esperemos que futura y no imaginaria, estación intermodal tiene una vida útil de 50 años, con todos los mantenimientos y actualizaciones preceptivas hechas. Y, ¿pensamos que el Muro durará 80 años con la reforma que se está planteando ahora? Muy dudoso. Si además tenemos en cuenta que los edificios del barrio de La Arena tienen una media de 50 años, posiblemente en 2100 ya no hay ninguno.

Hay que ser realistas y pensar en las posibilidades de hoy y de un futuro próximo. No podemos proyectar para futuribles que ni siquiera sabemos si se van a cumplir. Igual, para nuestra sorpresa, el nivel del mar baja, y tenemos que ampliar el paseo. En todo caso, diseñemos un paseo del que se sientan orgullosos todos los gijoneses y que no sea motivo de problemas y de vacuas discusiones sobre lo que pasará en un futuro muy lejano. Piensen que, si no están preocupados los holandeses, algunas de cuyas localidades se encuentran siete metros por debajo del nivel del mar, ¿debemos de preocuparnos los gijoneses por esa hipotética subida del nivel del mar?. Creo que los gijoneses debemos disfrutar de la maravillosa playa que tenemos; cada día es un juego de luces y de sonido únicos, ver el Cantábrico enfurecido es uno de los mayores espectáculos que se pueden contemplar en la naturaleza, y todo sin salir de la ciudad. Lo más urgente hoy es eliminar la contaminación de nuestras aguas costeras y de los ríos urbanos, que es un tema que nos afecta a todos hoy, y que debemos solucionar ya, no dentro de 80 años.

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