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Iván Pérez del Río

Socialismo, ¿en serio?

Parte de las esperanzas de cualquier nación o región han de estar puestas en la juventud. Si los jóvenes se van, la región no tiene ningún futuro. Un Gobierno estratégico proporcionará una serie de pilares básicos que son condición para el desarrollo de un proyecto personal y profesional sólido. Algunos de esos pilares son: una educación de calidad que responda a los desafíos del momento presente, oportunidades laborales que le permitan desarrollarse profesionalmente, un salario digno que favorezca el incremento de su nivel de ahorro, y la posibilidad de adquirir una vivienda.

De los pilares antes mencionados, en Asturias, el empleo juvenil lleva siendo un drama desde hace mucho tiempo gracias a las políticas del socialismo. Solo en 2020 aumentaron tres cifras: los jóvenes en paro se incrementaron en un 35%; los que nunca han trabajado aumentó en un 42% y los parados de larga duración se incrementaron en un 88,4%. En resumen, un dato escalofriante: 7 de cada 10 jóvenes asturianos están en desempleo y sitúa a Asturias como la peor región de las 329 que conforman la Unión Europea.

Socialismo o libertad, más que un eslogan de campaña, es una realidad. Las políticas del socialismo generan una pobreza que coarta la libertad. Sin trabajo, sin un salario digno, sin la posibilidad de comprarte una casa, con empresas dependientes de la caridad del Estado, ahogados a impuestos, con prejubilados “de oro” que representan la fulminación total de la industria asturiana, ¿dónde se queda la libertad de la ciudadanía? Las políticas económicas del socialismo, y Asturias es el mejor ejemplo, generan miseria, éxodo, senectud. Y junto a esas políticas, una batalla cultural que abona el terreno para la exclusión, la división y la polarización bajo capa de “medidas progresistas”.

Mientras nuestros jóvenes emigran, la alcaldesa ovetense de Gijón se preocupa por la laicidad de una ciudad que se está quedando sin jóvenes. Un esperpento de socialismo que no va en serio, que maniata la libertad de los ciudadanos y que agita la división cuando debería afanarse por gestionar bien.

Asturias tiene grandes oportunidades, pero más allá del socialismo y del “ye lo que hay”. Es necesaria una reforma íntegra del sistema asturiano de empleo, que nos asemeje a otros países europeos en los que la recolocación es casi inmediata de aquellos que acaban de perder su trabajo. Además, es vital ampliar las ayudas para la creación de nuevas empresas y hacer una planificación estratégica para la implantación en nuestra región de nuevas industrias como las derivadas de las energías renovables.

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