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Es fácil dar un mitin o asistir a un debate

Sobre las actitudes en la vida democrática

Es fácil dar un mitin o asistir a un debate cuando no tienes reparo en mentir, en dar datos falsos, en acusar a niños de todo tipo de delitos, en insultar o incluso calumniar a tus rivales.

Es fácil dar un mitin cuando te diriges a una masa, a un grupo de personas que banderas al viento, dejan de ser personas para convertirse en un rebaño cuyo único interés es que lo jaleen.

Es fácil dar un mitin cuando sabes que unos cuantos medios de comunicación te van a aplaudir, a dar por ciertas tus mentiras y a amplificar tus insultos como si fueran calificativos.

Es fácil provocar altercados cuando calificas a todo un barrio de estercolero y luego vas allí a dar un mitin, rodeado de tu propia seguridad y de la de las fuerzas del orden público y cuando al ver que nadie te ataca, con un valiente “a por ellos” rompes el cordón policial, pero poco, lo suficiente para que parezca una agresión a la libertad de expresión, sabiendo además que tienes colegas infiltrados entre los “provocadores”, por si no provocan lo suficiente.

Es fácil asistir a un debate cuando interrumpes continuamente, cuando descalificas, cuando te ríes de todo lo que no te gusta, cuando la única justificación para tus disparates, es, según tu, que es lo que todos los españoles quieren, arrogándote una representatividad que no has ganado y que nunca nadie tendrá ya que es imposible, y además no sería bueno, que la opinión de todos los españoles sea una sola.

Es fácil participar en un debate cuando te permites llamar activista a la periodista que te modera, por pedirte, de buenas maneras, que no sigas insultando, por intentar aplicar unas mínimas normas de convivencia que no es que desprecies, es que considerándote tan superior al resto, crees que estás por encima de ellas. También facilita el debate dejar la silla vacía, no asistir argumentando no se sabe muy bien qué, pero eso es otra historia, es un reconocimiento implícito de la propia incapacidad.

Vox es un partido fascista, o franquista, como prefieran. En una democracia no cabe un partido fascista. La Ley de Partidos Políticos dice en su artículo 10 apartado C, que se podrá disolver judicialmente un partido político “cuando de forma reiterada y grave su actividad vulnere los principios democráticos o persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante las conductas a que se refiere el artículo 9”. El artículo 9 establece las medidas que un partido debe adoptar para cumplir el ordenamiento jurídico.

Se está tardando en aplicar la ley, a lo mejor, mañana, es tarde.

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