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Fernando de la Hoz Elices

Carta al amigo ausente

Fernando de la Hoz Elices

Reflexión a la convivencia nacional

Sobre la convivencia en el espacio público

Coincido contigo querido amigo en cuanto afirmas de que estamos en una situación complicada en esta piel de toro que nos dio su cobijo al nacer y especialmente a algunos privilegiados que incluso disfrutamos de ella sin necesidad de tener que acostumbraros a tener otro suelo en el que resistir las inclemencias de los avatares de las nuevas tendencias, como es tu caso.

Es cierto que todo evoluciona y sin embargo nos estamos quedado estancados en formas de gobierno de los pueblos. Disfrutamos de democracia, que sin lugar a dudas es el menos malo de los sistemas de gobierno, sirviendo en algunos casos de autocomplacencia para alienarse los gobernantes con cumplir con un sistema de gobierno que se adecúa con la justicia social teórica.

Es ahí quizá donde surge la necesidad de tratar de recomponer o reinventar el imperfecto sistema democrático actual, pues quizá se está quedando obsoleto en la etapa actual.

Platón define la democracia “como el gobierno de la multitud” mientras que Aristóteles la concibe “como el gobierno de los más”. También es cierto que puede ampliarse a distintas subdivisiones , tal es la democracia representativa que da el poder a sus representantes y otra que se define como participativa, cuando existe un modelo que puede tener influencia directa en las decisiones públicas, a través de mecanismos plebiscitarios de consulta.

Pero las circunstancias mandan. En la nueva realidad de la sociedad, no se trata de resolver con mayorías absolutas, ni a través de consensos entre partidos políticos, pues la experiencia de las últimas etapas nos están dando pruebas de la necesidad de tratar con un bisturí adecuado la dinámica del poder. Fue Maquiavelo quién dijo “ El que no detecta los males cuando nacen, no es verdaderamente prudente”

Así vemos como con generalidad los partidos políticos, aun contemplando su legalidad íntegra por elección del pueblo, bien “por multitud” o por concentrar a “los más”, tanto representando a un grupo, como por alcanzar consensos con otros y así obtener la cuota que les permita obtener el poder parlamentario de una u otra forma, se está llegando a acuerdos en las relaciones de representantes, a través de transacciones como en cualquier tipo de mercado, incluso llegando a través de compra de voluntades.

Queda en el aire el control parlamentario ante este obrar tan generalizado en los gobiernos democráticos actuales, que aunque aparentemente tengan órganos de control, la experiencia nos está llevando a la demostración de su inexistencia real, quedándose solamente en aparente, y eso sin otras connotaciones si de la justicia hablamos, cuya opción de intervención lamentablemente queda solamente en intención, a través de la interdependencia con otros órganos del gobierno.

Mi querido amigo. El parlamento debiera ser suficiente en condiciones normales, si los representantes del pueblo fueran todos responsables con el mismo, pero dadas las circunstancias que estamos viviendo, no es suficiente para que el pueblo no se sienta engañado con la “legitima” venta de su voto al mejor postor para el mantenimiento del status del representante al que se ha votado, haciendo en consecuencia mal uso de la confianza en él depositada.

Sin duda alguna, se hace urgente una toma de decisiones en los órganos del poder, antes de que el pueblo llegue al hartazgo total de sus representantes en quienes deposita, con la mejor voluntad la confianza para que haya una convivencia digna, sin vivir el horror del odio permanente al adversario político, amparado en el desprecio a quien no tiene su misma forma de pensar.

Algo y alguien, ajeno a los representantes políticos, tiene que poner límites al Estado para proteger el espacio de libertad y de posibles abusos de los que tienen el poder parlamentario en el que se mantiene la democracia.

Pensadores, personalidades de relieve, intelectuales, personas influyentes en distintos ámbitos, deben unirse en manifiestos para exigir a los partidos políticos un consenso que rompa literalmente con la forma de convivir en esta alarmante situación de deterioro de la ciudadanía, en la que el respeto al prójimo está ausente. Eso también forma parte de la democracia, pues es el pueblo llano quien con el sufrimiento silencioso por lo que está observando, lo está demandando encarecidamente.

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