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FIDEL GARCIA

“Laudato Si”: cinco años después

El Papa Francisco, totalmente comprometido con el cuidado y respeto de la Creación, gravemente atacado por los modelos económico-tecnológicos basados en la destrucción y contaminación del medio ambiente, describe un panorama futuro que ya está presente con matices muy preocupantes si no se toman eficaces medidas contra el cambio climático. Analizando los efectos de la contaminación, y la degradación de lo que llama descarte, lo denuncia en la gran encíclica “Laudato Si”.

Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud. Especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. Se enferma, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles de humo que proceden del combustible que utilizan para cocinar o para calentarse. A lo que se suma la contaminación que afecta a todos debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, a fertilizantes, insecticidas y fungicidas. El Papa Francisco no es un político oportunista y demagógico que anuncia calamidades siniestras, sino un profeta que pretende el bien de todos, especialmente de las naciones pobres, que son las que más sufren las consecuencias de la destrucción del medio ambiente por grandes empresas con su rapiña por las materias primas. Así hay que entender su mensaje en defensa del gran pulmón de la Tierra que es la Amazonía, sometida a la destrucción y la muerte de culturas centenarias indígenas. El Papa Francisco, basándose en los textos bíblicos, el primero y el último, el Génesis y el Apocalipsis, no pretende introducir el miedo y el pesimismo, sino esperanza, alertar a todos los católicos y personas de buena voluntad, para evitar todo lo que destruye la casa común que es la Tierra; por eso exige una conversión de lo que llama pecado ecológico. La gran encíclica “Laudato Si” (alabado seas, mi Señor) cinco años después continúa siendo un texto fundamental para dar una repuesta a los grandes males que sufren especialmente los más pobres, por el deterioro continuo del medio ambiente por un mal entendido progreso económico-tecnológico sin límites morales.

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