La publicación de los 13 proyectos que optan a reformar la fachada marítima oeste, entre la punta Lequerica y la playa de Poniente, ha dado esta semana el pistoletazo de salida a una de las operaciones urbanísticas más ambiciosas de la ciudad para los próximos años. Desde que, en enero de 2020, LA NUEVA ESPAÑA adelantase que el gobierno local tenía previsto acometer la transformación de este eje fundamental de Gijón tras el enésimo fiasco de la remodelación de los Jardines de la Reina debido a las trabas derivadas de su catalogación como jardín histórico, se ha consolidado la idea de una actuación de calado que no se limite a arreglos cosméticos, como un rediseño del carril bici o un mero cambio de farolas. Y se ha optado por un proceso inédito a nivel local para la regeneración de este amplio espacio pegado al Cantábrico, con la próxima celebración de una votación popular. Los ciudadanos podrán escoger entre todos los planes y los tres con más apoyos pasarán el corte para que un jurado integrado mayoritariamente por especialistas tome la decisión final. Este original formato, siempre y cuando se respete escrupulosamente su espíritu, parece acertado porque combina, en dosis parecidas, participación con criterios técnicos.

De los proyectos participantes en el concurso, cuya autoría no ha trascendido para no interferir en la selección, se pueden extraer varias conclusiones. Todos ellos abogan sin tapujos por relegar el tráfico en la calle Rodríguez San Pedro (algunos totalmente y otros limitando la circulación al transporte público), de acuerdo a la filosofía marcada por los responsables municipales de la movilidad. También coinciden en proponer amplios espacios verdes y bosques urbanos a lo largo y ancho de una zona actualmente tomada por el asfalto y con un arbolado tradicional. Y tratan de aprovechar el mar como elemento diferenciador del paseo, es decir, no circunscriben la reforma a una simple ornamentación del firme (hay quien llega a aconsejar la construcción de piscinas naturales en los extremos de la zona). La gran diferencia entre unos y otros es, sin duda, la inversión, que oscila entre los 600.000 euros del más barato y los 20 millones del más caro.

En un primer vistazo, casi todas las ideas parecen atractivas. Aunque conviene recordar que el papel lo aguanta todo y que, dado que el plan se encuentra en una fase embrionaria, se están dejando de lado cuestiones trascendentales. Por ejemplo, ninguno de los proyectos aborda a fondo las repercusiones que tendrá la peatonalización total o parcial del eje en la circulación del centro de la ciudad, muy especialmente en la calle Marqués de San Esteban. Tampoco se especifica ya no el coste de cada uno de los elementos, sino la financiación en su conjunto. Ni se destaca que cualquier actuación en Fomento concierne también a la Autoridad Portuaria. No cabe duda de que el camino recién iniciado es ilusionante porque Gijón necesita un lavado de cara por su costado oeste que además sirva para resucitar económicamente la zona, contando para ello con vecinos, hosteleros y comerciantes. Pero igual de cierto es que esta travesía está aún llena de incógnitas, económicas y de plazos.