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María Domínguez

Premio al esfuerzo

Galardón más que merecido a la comunidad educativa

Tras escuchar a la ministra de Educación decir que los niños se sienten como héroes por llevar la mascarilla, ya no hay lugar a dudas. El esperpento de Valle-Inclán ha llegado a este Gobierno con la firme intención de explicarnos cómo deformar la realidad utilizando expresiones absurdas y degradando valores consagrados. Resulta que esos hijos que, según usted, no son de los padres ahora se sienten como héroes por llevar un trapo en la boca con dos gomitas a los lados que ensalzan, aún más si cabe, sus pueriles orejas de soplillo. No sé a qué niños se refiere, señora Isabel Celaá, porque le aseguro que los que rondan por los colegios no necesitan alas, capa, espada ni mucho menos mascarilla para realizar hazañas extraordinarias.

No se sienten héroes por el simple hecho de que ya lo son. Han sobrevivido nueve meses embarazosos llenando su mochila cada mañana de ideas brillantes, otras no tanto, pero de ideas igualmente. Han respetado mejor que la mayoría de los adultos las señales en el suelo, han comido el tentempié del recreo más inertes que la momia de Tutankamón, han frotado sus manitas cada hora con gel (a veces también el pelo y los zapatos) y han logrado llegar a final de curso sin sus bienes más preciados, los besos y los abrazos. Estas cosas sí son realmente extraordinarias, como extraordinario fue gestionar el proceso de ventilación asistida en las aulas durante los meses de invierno, jugar sin juguetes, mantener seguras las burbujitas sobrevolando por encima del miedo y la impotencia. Extraordinario fue romper silencios con la boca cerrada, interpretar una mirada, intuir una sonrisa, reinventarse cada día.

Señora Celaá, el tema mascarilla es lo más insignificante ante el esfuerzo titánico de familias, docentes y alumnado para seguir descubriendo talentos, desarrollando habilidades y fomentando valores que, gracias a Dios, sí, como lo oye, gracias a Dios, no hemos olvidado. Todo ese esfuerzo (palabra que usted desconoce y es el eje fundamental del ámbito del que es ministra) ha merecido la pena porque hemos conseguido llegar a la meta no como héroes, sino como personas serias, comprometidas y luchadoras. Tal vez sean sus nietas las que se sientan como heroínas cada vez que acuden con la mascarilla al centro concertado y religioso que sus hijas (bueno, las de yo qué sé quién) han escogido siguiendo la tradición familiar. ¿Acaso les ha preguntado? De verdad, querida Isabel, usted se ha dormido en el asiento del Congreso en cuanto empezó el reparto de esta película. Ni conoce a los protagonistas, ni sabe de sus dificultades, ni tiene la menor idea de la trama educativa. Si usted considera que el final es abierto y tiene varias versiones, ya le adelanto yo que el viento del Norte ha soplado a favor de los colegios asturianos.

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