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FIDEL GARCIA

Eutanasia

La entrada en vigor de una ley que no supone ningún progreso

La palabra eutanasia es un eufemismo, que esconde una terrible realidad, porque no es un homicidio piadoso, sino causar directamente la muerte, sin dolor, de un enfermo incurable, de una persona minusválida, o anciana: quitar la vida con una intervención médica, de ordinario administrando un fármaco, eutanasia positiva, puede estar provocada por el mismo sujeto, entonces se trata de un suicidio asistido. Existe también la llamada eutanasia eugenésica cuya finalidad es eliminar de la sociedad a las personas con una vida sin valor. Es la que practicaban los nazis con el fin de purificar la raza aria de todas las impurezas y lograr la superioridad racial. La eutanasia propiamente dicha es una acción inmoral, porque tiene como finalidad eliminar una vida humana.

Esta ley de Eutanasia, que entró en vigor el 24 de junio, trae varias consecuencias muy graves para una sociedad como la española inmersa en un invierno demográfico: una desvaloración de la vida humana, lo que provocaría la eutanasia eugenésica. Con frecuencia la eutanasia encubre intereses económicos, haciéndolos pasar por piadosos (herencias). La eutanasia supone una desvalorización de la profesión médica, además de una desconfianza ante los cuidados paliativos terapéuticos, especialmente en el caso de ancianos o enfermos graves, además va en contra de los progresos en la Medicina, porque ataca de base el llamado juramento hipocrático (Hipócrates siglo V, antes de Cristo); no suministraré ningún veneno a nadie, aunque me lo pidan, ni tomaré nunca la iniciativa para sugerir tal cosa. La inmoralidad radical de la eutanasia no es una cuestión religiosa, como afirman los partidarios, todo lo contrario, un mínimo sentido de la humanidad permite afirmar que la eutanasia no es progreso, sino todo lo contrario. Antes de la aparición del cristianismo, ya pensadores como el utópico Platón eran partidarios con razones jurídica de cuidar solo a los ciudadanos sanos de cuerpo y dejar morir a quienes no sean sanos. Lo mismo que hacen algunos pueblos hoy que dejan morir por inanición a los ancianos o enfermos graves. La realidad es que el cristianismo en Roma pagana era admirado precisamente por el cuidado de los enfermos más graves. No faltaban hombres y mujeres que recogían a los enfermos abanados en las calles, como la madre Teresa y sus misioneras de la caridad hoy. La disminución del dolor es una actividad completamente lícita y ética, tanto con una enfermedad curable como con los moribundos: cuidados paliativos.

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