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Gijón, siglo XXI

La situación económica de la ciudad y una visión hacia el futuro

Ningún problema económico tiene una solución puramente económica.

John Stuart Mill

A uno le acompañan los recuerdos de la niñez. Empecé mi etapa educativa en el Colegio Miguel de Cervantes, antes de ser el edificio actual de ladrillo. Un edificio blanco de paredes prefabricadas con dos patios, para niños y para niñas. No fue hace tanto, aunque para algunos les suene al Jurásico. Recuerdo el colegio totalmente rodeado de industrias: por un lado, la Algodonera; por otro, Cristasa; y un poco más allá, Crady. No muy lejos se veían las chimeneas de Ensidesa y la de la térmica de Aboño. De camino al colegio pasábamos por delante de las miles de botellas de sidra de Vicasa o por la siderurgia de Moreda y por delante de Juliana, del Tallerón de Duro o de Naval Gijón de regreso a casa. Gijón era cien por cien industrial. Todo ello con los problemas consustanciales a esta actividad fabril: en aquellos tiempos sí había contaminación, y no éramos conscientes del daño que producía, o si lo éramos, no le conferíamos la importancia de hoy. Los gijoneses estaban más ocupados en trabajar para vivir cada día, y con los pocos ahorros que se podían guardar disfrutar de momentos de ocio, cuando se podía, si no se iban al pueblo, quienes tenían la suerte de disponer de una segunda vivienda.

De aquel Gijón queda muy poco, los tiempos avanzan y la industria va a menos. Vivimos momentos en los que los servicios le comen terreno y la globalización la deslocaliza. ¿Cuáles son las expectativas de las generaciones que nos sucederán? Un futuro negro, por lo que podemos vislumbrar. Sin industria y alejados de los órganos nacionales que deciden sobre política industrial. Y ello a pesar de tener al mismo partido gobernando las tres administraciones: nacional, autonómica y local. En cuarenta años de gobierno socialista no hemos avanzado nada, y eso implica retroceder. De tener uno de los PIB más altos de España a estar en mitad de la tabla. Lo que se añade a un enorme problema poblacional, con una de las mayores tasas, ya no de España, sino de Europa, de crecimiento vegetativo negativo.

Debemos de pensar en el futuro. Y eso pasa por el extraordinario ecosistema económico que representa el Parque Científico Tecnológico y su entorno. De ese entorno es muy importante destacar el papel de la Universidad, con sus punteras facultades de Ingeniería, Turismo y Marina Civil, además del Hospital Universitario de Cabueñes, cuyas obras de ampliación esperemos que no se demoren. Todo ello debe de permitirnos poner luz al negro futuro.

El Ayuntamiento ha de ser el catalizador de todo este ecosistema. Hasta ahora, a través del Centro Municipal de Empresas, sólo se conceden subvenciones o se gestiona suelo, además de formación para el empleo, sobre todo, a personas con problemas de inserción laboral. El sistema ha funcionado y ha sido un éxito, todo en pasado, pero ya está obsoleto y otras ciudades nos llevan una enorme delantera. Debemos transformar este organismo municipal. Hay que pensar en la colaboración público-privada con las nuevas empresas creadas por nuestros innovadores, creación de espacios de coliving y coworking, en contratación pública innovadora, ser atractivos para los nómadas digitales aprovechando el impulso del teletrabajo, actuar como un laboratorio de experimentación para los emprendedores que quieran crear nuevas empresas... Ideas hay muchas, sitios donde se aplican, también. Requiere trabajo, estudio, esfuerzo, financiación, pero sobre todo, ganas, muchas ganas de transformar Gijón en la punta de lanza de la Asturias del siglo XXI. Disponemos de los mimbres para ello, sólo falta un gobierno que sea capaz de llevarlo adelante, y el actual no creo que lo sea. Cuarenta años de gobierno socialista así lo atestiguan. Las buenas ideas del pasado hoy están caducas.

Este Gobierno se queda con las glorias pasadas, pero por este camino serán el epitafio del futuro, y no creo que la siguiente generación lo entienda. No podemos seguir perdiendo talento, ya no sólo por el enorme esfuerzo económico que ello supone, sino por el sacrificio emocional de las familias que tienen que ver a sus hijos marcharse de Gijón. Somos una comunidad que ha tenido que emigrar muchas veces, no condenemos a nuestros jóvenes a seguir esta misma pauta. Tenemos una tierra repleta de oportunidades. Sólo necesitamos creer en ella y que quienes nos gobiernan también lo hagan. En Ciudadanos seguiremos luchando por hacerlo realidad.

Hodie labor, cras fructus.

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