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Filippo Priore

Por libre

Filippo Priore

Cumpleaños

Un caso de tráfico de influencias

Es algo que me sucede de manera periódica, si bien la frecuencia con la que padezco de una preocupante vacuidad de ideas capaz de hacer entrar en reserva a mi depósito emocional, no responde a ningún patrón de tiempo determinado. Si hubiera de buscarlo, diría que los episodios son cada vez menos distantes entre ellos.

No sé si ustedes habrán entendido algo de esta torpe introducción descriptiva por mi parte. Palabra arriba, palabra abajo, sería lo que llegado el caso, le referiría a mi médico de atención primaria de manera telefónica, para que con ese obligado séptimo sentido –pues el sexto siempe lo han poseído– que han tenido que desarrrollar a la fuerza desde hace más de un año, intentase ponerle un nombre a mi perturbador 'gatillazo intelectual' y de existir, prescribirme el correspondiente tratatamiento.

El problema es que a pesar de mis infructuosos intentos por oír una voz humana al otro lado del hilo telefónico que pudiera echarme un cable -perdonen la simplona redudancia-, me ha sido del todo imposible.

Pero habiendo comprometido yo mi palabra a que los fieles lectores de LA NUEVA ESPAÑA en su edición para la más fermosa de las villas marineras de nuestra Asturias patria –y mil veces “patria”– querida, no pasarían sin ver asomar mi careto por este privilegiado escaparate que supone la segunda página, en la que a diario y en una demostración de libertad de expresión sin paragón alguno, convivimos tirios y troyanos sin que jamás la sangre haya llegado al río Piles, miren por dónde todo lo anterior me ha dado una idea.

No diré que brillante, pues estaría tan distante de la realidad como lo están algunas de las 13 propuestas presentadas por el actual consistorio para la remodelación del paseo marítimo que va de Cimadevilla a Poniente por toda la orilla. Soñar en libertad es gratis. Esto último, minúsculo detalle de magna importancia, es donde alguno de estos proyectos podrían entrar en un Xixón imaginario digno de Alicia en el País de las Maravillas.

Pero dejando a un lado esas menudencias –imposible olvidar aquello de “pasarse en un presupuesto es fácil, 'chiqui'; son 1200 millones, eso es poco–, fuera de la circense política actual: ¿han sido ustedes testigos de un 'tráfico de influencias' como pudiera ser el que llevara a un articulista autofelicitándose por su cumpleaños? Pues si su repuesta es no, aquí tienen al primero.

Y si aún me lo permiten, con ese mismo descaro de quien está a un solo verano del medio siglo, les diré en confidencia que más que nunca defiendo y siento que no pesan los años –ni los kilos–. Pesa el que ser consciente de que sin brújula y a la deriva en esta maldita vacuidad, acabé por olvidar el olor de las primaveras, los colores del otoño y sí, por qué no, también el frío del invierno y la manta que le dama remedio. ¿Encontraré hoy las velas apropiadas con las que poder iluminar mi único verdadero deseo? Salud para todos.

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