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Paco G. Redondo

Enseñanza

¿Retorno a la normalidad escolar o más chapuzas?

Del relevo al frente de la Consejería de Educación en Asturias, a mi juicio debería de llamarse Consejería de Enseñanza, primero porque el nombre propio del ministerio no es Economía, sino Ministerio de Economía, y por tanto las dos palabras deberían ir con mayúsculas. Segundo porque el objetivo de las escuelas, colegios e institutos no es principalmente educar a los niños, eso es fundamentalmente responsabilidad de los padres y madres, que están con ellos todos los años y todas las semanas, no solo un curso tres o cuatro horas a la semana. La función docente consiste en enseñar, en ayudar a aprender, y no solo asignaturas, también se pueden enseñar buenos modales, o valores como el mérito y la solidaridad. Dicen que el mejor maestro es el que predica con su ejemplo. ¿Qué ejemplo pueden dar los dirigentes educativos si son sectarios?

Lo más importante no es si al frente de la consejería está Fulano o Mengana, sino qué políticas plantean y desarrollan para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Así yendo al grano, está muy oportunista decir si con una distancia de seguridad de 1,5 metros entre cada alumno, no tenemos aulas suficientes para tener todos los cursos presenciales desde septiembre, pues la reducimos a 1,2 metros. Ahora bien: ¿Qué base científica tiene, o es mero voluntarismo? ¿Por qué a 1,2 metros sí y no a 1,5 o un metro? Confiemos que con el gran avance de la vacunación los contagios, aún con las nuevas variantes más problemáticas, se mantengan relativamente controlados. Lo más importante es la igualdad de oportunidades, y resistir la tentación de la igualdad de resultados, absurda e injusta: solo es posible igualar por abajo, no por arriba.

Nunca he entendido lo de aprender a aprender, que es como decir dialogar sobre el diálogo; no se aprende algo abstracto o retórico, se aprende algo concreto y entendible, debería hablarse de técnicas de estudio, pero ya sabemos que a los nuevos equipos ministeriales les gustan mucho las perífrasis, pues deben creerse muy listos si dan nuevos nombres a las cosas de siempre. ¿Entrará en vigor la ley Celaá ya sin Celaá? Si lo estaba haciendo tan bien: ¿por qué la han sustituido? Esto me suena al partido para Cascos sin Cascos, que ahora pretenden justificarse imponiendo el asturianu porque ha dejado de hablarse en los últimos siglos. ¿Deberían Castilla y León, y Madrid, imponer el castellano antiguo en la enseñanza y la administración? Por supuesto resiliente, empoderante y transversal.

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