El tiempo está muy cerca de dar la razón a los que en octubre de 2020 vieron en la creación de una comisión para la reforma del Muro un intento del gobierno local de eludir una decisión definitiva sobre el emblemático paseo marítimo, que deje atrás el provisional “cascayu” y el resto de cambios introducidos después del confinamiento. Durante estos once meses, los retrasos en el calendario fijado para este órgano, ligado al Consejo Social, liderado por el Colegio de Arquitectos de Asturias y formado por 17 representantes de colectivos políticos y sociales (algunos sin conocimientos urbanísticos), han sido una constante, hasta el punto de que empiezan a resultar insultantes para la ciudadanía. Para más inri, el único material de enjundia aportado hasta ahora por los especialistas del colectivo al resto de integrantes, el pasado mes de julio, ha sido puesto en tela de juicio por los mismos dirigentes municipales que auspiciaron la puesta en marcha de este mecanismo porque contraviene la filosofía del Ayuntamiento en materia de movilidad o directamente rechaza algunas de las actuaciones en marcha, como los cambios del tráfico en el entorno de El Molinón. El resultado es casi un año perdido en debates más o menos interesantes, pero que no han generado ningún avance significativo.

El equipo de Ana González anunció hace once meses la puesta en marcha de esta comisión en medio de la enardecida polémica política y vecinal que había generado en el verano del pasado año la reordenación del paseo del Muro, que desde el primer minuto se vendió como “provisional”. Se dijo entonces que se trataba de un equipo de trabajo encargado de hacer una propuesta para la regeneración del paseo, que obviamente no sería “palabra de ley”, pero sí se tendría en cuenta a la hora de fijar una estrategia definitiva. También se informó de que las conclusiones estarían listas en abril de 2021. Algunos sectores sociales contemplaron con escepticismo unos plazos que, finalmente, han quedado hechos añicos: la comisión se reunirá tras varios encuentros telemáticos el próximo día 16 tras un intento frustrado en julio, aunque es improbable que ese encuentro sirva para sentar las bases que permitan iniciar la ansiada transformación.

Detrás de esta sucesión de incumplimientos hay varios responsables, empezando por los propios integrantes de la comisión, sumidos en una inexplicable falta de diligencia. Pero, ante todo, el fracaso debe ser asumido por el gobierno local, debido a tres motivos fundamentales: es el responsable de la creación de este grupo de trabajo (estas páginas advirtieron entonces de que no podía suponer una patada hacia adelante con la única intención de calmar los ánimos a pie de calle), ha refutado las escasas conclusiones emitidas por no coincidir con las suyas y no ha exigido el cumplimiento de las fechas fijadas de forma pública tras la primera reunión, que tuvo lugar en la Colegiata de San Juan Bautista. Al equipo de Ana González no le queda otra que coger las riendas y usar la espuela para frenar esta dilación. Le queda poco margen antes de perder la credibilidad en un asunto fundamental para la ciudad. De este otoño, no debería pasar.