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Palabra de amigo

Toreo de salón

Afrontar la vida como cristianos sin dificultades

Hay muchos y buenos toreros de salón. Saben manejar la capa y la muleta con soltura… cuando ningún toro de verdad embiste. A la hora de la verdad, con la plaza llena y un toro de verdad, las cosas cambian. Y es que no es lo mismo torear a un toro bravo, que torear en un salón para los amigos.

Nosotros, los cristianos, demasiadas veces, “toreamos de salón”, incluso con elegancia, y creemos que hacemos maravillas, y hasta creemos que estamos cambiando el mundo. Y viene Jesús en el evangelio para despertarnos: “Quítate de mi vista, Satanás”. “¡Tu piensas como los hombres”! “El que quiera venirse conmigo…que cargue con su cruz y me siga”.

Ahí seguimos tan felices, bailando con el mundo comodón y hedonista, como buenos paganos, olvidando que la vida es para entregarla. Queremos una vida cristiana sin dificultades, lucha, entrega, cruz. Queremos redimir el mundo, hacerlo mejor, pero sin convertirnos, sin la cruz, con un “toreo de salón”.

Conviene que leamos una y otra vez este evangelio de hoy. Porque una vida cristiana sin cruz, sin amor, no sirve para nada. Nosotros como Pedro, queremos una fe dulce como un azucarillo, una esperanza como un cómodo sillón, y una caridad que consista en dar ropa vieja o unos euros de vez en cuando. Y es que cuando vivimos sin cruz, sin conversión, si amor, no me extraña que confundamos el evangelio con el “toreo de salón”.

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