Tres décadas se cumplieron el pasado abril de la firma del ambicioso plan de saneamiento de Gijón por parte del Ayuntamiento, el Principado y el Gobierno central, proyectado con 12.000 millones de pesetas y presentado en sociedad como uno de los mayores saltos hacia adelante en la historia local contemporánea. Treinta años que han estado marcados por importantes avances, pero también por flagrantes incumplimientos, además de conflictos vecinales. Aquel esquema inicial dividió a la ciudad en dos cuencas, delimitadas por una línea imaginaria desde el cerro de Santa Catalina hasta Ceares, a través del paseo de Begoña y la avenida de Hermanos Felgueroso. En el oeste, la depuradora de referencia, en La Reguerona, entró en funcionamiento en 2006 y ahora está en un proceso de mejoras. En el este, la infraestructura principal se levantó junto a la urbanización de El Pisón (Somió) y, tras numerosos litigios, está previsto que empiece a funcionar en octubre. En base a esa configuración, aunque fuera del convenio, la Empresa Municipal de Aguas (EMA) ha hecho su propia gestión del saneamiento, con la construcción de tres pozos de tormentas, básicos para frenar alivios al mar Cantábrico y las inundaciones: uno en el Museo del Ferrocarril (finalizado), otro en El Arbeyal (recién inaugurado) y un tercero en el parque Hermanos Castro (en obras). La anegación de varias calles en La Calzada esta semana ha abierto otra vez de par en par el debate sobre estos equipamientos millonarios, pagados por los gijoneses.

Ha sido la propia alcaldesa, Ana González, quien ha puesto en entredicho el pozo de tormentas de El Arbeyal (no tanto por su funcionamiento como por la falta de obras complementarias), proyectado durante los gobiernos de Foro y en funcionamiento desde hace menos de un mes tras una inversión de más de diez millones de euros. Una afirmación que ha provocado un lógico revuelo entre los vecinos y que exige cuanto antes una explicación pública y en profundidad por parte de los responsables de la EMA. Lo mismo que se debería estar haciendo en la comisión de investigación creada para aclarar los problemas en el otro gran pozo de tormentas de la ciudad, el del parque Hermanos Castro, llamado a evitar los alivios al río Piles que contaminan la playa de San Lorenzo y que sigue en obras tras un segundo sobrecoste de 2,5 millones sobre la inversión prevista inicialmente, de 7,5. Sin embargo, el órgano se encuentra paralizado por la vergonzosa falta de interés tanto del gobierno local como de la oposición.

Las carencias y los desfases en los pozos de tormentas de El Arbeyal y Hermanos Castro no pueden tomarse por separado sino que tienen necesariamente que llevar a una reflexión sincera en el seno de la EMA sobre sus grandes infraestructuras. E, inevitablemente, obligan a una depuración de responsabilidades técnicas y políticas de acuerdo a la transparencia que se presupone a cualquier Administración pública de un sistema democrático. Es mucho el dinero invertido y son demasiadas las dudas que están sobre la mesa.