El principal problema al que se enfrenta el plan de vías de Gijón, más allá de cuestiones burocráticas y políticas, es la absoluta falta de credibilidad que sufre a pie de calle. Los gijoneses se cansaron hace tiempo del ruido interesado en torno a una transformación que consideran mayoritariamente necesaria y que no avanza. Así que cualquier anuncio genera recelo o, directamente, rechazo. En este contexto de hartazgo generalizado nace el planteamiento urbanístico presentado esta semana por la alcaldesa, Ana González, para el “solarón” y para el resto de terrenos afectados por la integración ferroviaria. Un diseño que supone de facto poner el punto final al “plan Junquera”, nombre que recibe la ordenación prevista desde 2008 (el concurso se adjudicó varios años antes) en honor a su principal arquitecto. La propuesta que abandera el gobierno local opta por acabar con las emblemáticas torres de la idea original, por concentrar todos los equipamientos previstos en dos extremos de la enorme finca y por generar un corredor verde que una Moreda con el Centro, desembocando en el barrio del Carmen. La situación merece, por lo tanto, un análisis de forma y otro de fondo.

En la forma, la propuesta, plasmada en unos gráficos hechos públicos por LA NUEVA ESPAÑA hace tres días, es germinal. Apenas se trata de un boceto con muchos detalles por cerrar. Pero este material sí permite hacer una aproximación a las intenciones municipales. Está claro que el Ayuntamiento ha decidido acabar con el urbanismo vertical impulsado a principios de siglo en favor de construcciones más bajas (la altura máxima de los edificios previstos junto a la playa de Poniente será de 13 plantas). No quedará ni rastro de las cinco torres para viviendas, el hotel y el edificio Campanille previstos en el “plan Junquera”. Además, las zonas verdes ganarán 5.000 metros cuadrados gracias, en otras actuaciones, a un estrechamiento de la calle Mariano Moré. Y, en paralelo, se ha decidido dividir las fincas para facilitar su comercialización, sin duda la medida más concreta de todas. El resumen es que el modelo planteado se adapta mucho mejor a los cánones del urbanismo contemporáneo, con una reducción de la edificabilidad y una apuesta por la sostenibilidad.

Los peros llegan con el fondo. Porque no hay un solo motivo para pensar que las recreaciones que la Alcaldesa presentó a los consejeros de la sociedad Gijón al Norte y, un día después, conocieron todos los partidos en la Comisión de Urbanismo se vayan a hacer realidad. No obstante, tiene poco sentido hablar del planeamiento urbanístico del “solarón” y aledaños sin que antes se apruebe un nuevo convenio para el plan de vías, que sigue sin una financiación clara. Y, peor aún, se trata de un documento por el que el Ministerio de Transportes no muestra el menor interés desde hace ya demasiados meses.