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Toli Morilla

Solo de trompeta

Toli Morilla

Insostenible

Sobre el medio ambiente y las medidas que se han tomado

Verde es un color. La economía verde un concepto. Sostenible es el palo con la zanahoria delante del burro. La economía sostenible es otro concepto.

Nos dicen que debemos de tomar decisiones inteligentes sobre el consumo para decidir, en unos segundos, si nuestra compra es sostenible. Descifrando una pequeña etiqueta llena de símbolos y certificados descubrimos un catálogo de virtudes que debemos de creer porque así lo dice el fabricante. Hay diferentes maneras de ver lo que es mejor para el planeta y nuestra salud pero todos se han puesto de acuerdo en incluir los términos ‘verde’ o ‘sostenible’ en etiquetas y promociones. Transformar la industria de un pispás es imposible. Uno se pregunta cuanto tiempo han tardado en sustituir la insostenibilidad por la sostenibilidad, cuál es la inversión y sobre todo los resultados.

El consumidor actual debe de ser experto en ecología, nutrición, biología marina, geografía, cambio climático, leyes de transporte o protocolos de sostenibilidad aprobados por la CE.

¿Es posible que nos estén engañando con este altísimo nivel de especialización para el sencillo y cotidiano acto de comer tres veces al día? Hemos de estar alerta ante la explotación infantil, de la mujer y los trabajadores. Del maltrato de delfines y ballenas o de la tala de bosques en Indonesia. Comprar algo equivocado, porque no has entendido una etiqueta de letra microscópica en ocho idiomas, te sume en un terrible sentimiento de culpa por haber contribuido a algún mal universal. Nos quieren hacer creer que comprando determinados productos estamos contribuyendo a salvar el planeta. ¿En serio? ¿No son los gobiernos los que deben de ocuparse y actuar para que las leyes se cumplan?

Llevamos décadas superando los niveles permitidos de contaminación urbana, sin embargo, la aplicación de la ley, blanda para los grandes contaminadores, viene marcada por el ritmo de adaptación de la industria automovilística al nuevo paradigma ecológico que hemos de abrazar cambiando de coche, a riesgo de ser señalados. En el plan previsto en la ordenanza para el reciclaje de residuos urbanos se habla de vigilar nuestra basura y multar a quien no recicle como dios manda. Compramos lo que la ley permite. Pagamos los envases en el precio del producto, los separamos en casa y obedientemente los llevamos al contenedor adecuado. A partir de ese gesto, la basura comenzará a generar enormes beneficios para todos los actores de la trama, excepto para usted, último responsable del desastre ecológico al que le conceden el honor de salvar el planeta. Eso sí, bajo amenaza de sanción. No sea terco y coma soja.

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