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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Pinceladas de color

Para no desesperar del todo animémonos con que vuelve el agua a una fuente urbana

Uno ya va estando lo suficientemente mayor como para espantarse de algunas situaciones. Cierto que la expansión de la extrema derecha ha determinado un escenario político inesperado hace escasos cinco años y que es causa bastante como para provocar un cierto miedo por el devenir social en la Europa toda. En esta provincia nuestra, como todo lo mezclamos, nos hemos metido en un bonito entuerto. Para cerrar un poco el objetivo, de hecho, lo ha conseguido sin haberlo deseado, el hombrín de Laviana que cree que manda en nuestros valles, montañas y costas: se empeña en la reforma del estatuto autonómico, al tiempo que tiene que sacar adelante unos presupuestos regionales y como guinda se saca de la manga una ley para hacer oficial el bable. Ambiciosillo que nos salió el rapaz. Y como le faltan las mayorías suficientes y debe negociar apoyos, los interesados le van pidiendo cosas de aquí y de allá. Y le sucede que algunas de las cosas que le demandan los unos y los otros en ocasiones resulta que son incompatibles. Tiene la legislatura como el divertido juego de los platos platos chinos: no sabemos si se le irá alguno al suelo y ahí le tenemos afanado en controlarlos y agitar las varillas para mantenerlos

Y en estas, que le sale a nuestro hombrín un espontáneo que acude raudo a una firma contra la oficialidad del astur-leonés convocada nada más y nada menos que por la ultraderecha montaraz: nada más y nada menos que un antecesor suyo, aquel Rodríguez de su mismo partido que al inicio de los noventa tuvo que dimitir por el asunto del timo no consumado del “petromocho”. Nada más y nada menos que uno de los suyos entre lo más florido del fascio redentor. Se supone que a Rodríguez le patinan un poco las ideas, aquellas que le parecían tan brillantes al difunto Luis Martínez Noval, QEPD, secretario general de la FSA y hasta ministro de Trabajo, que cuando había un problema que resolver preguntaba aquello de “en dónde está la bombilla”, refiriéndose al desgraciado Rodríguez. Bueno pues a los mandos socialistas actuales, la bombilla se ha pasado de rosca. No, las cosas van muy raras.

¿Y qué de nuestra paralizada villa marinera? Pues que, tras una década, le devuelven el agua a la fuente de la céntrica plaza del Carmen y hasta con colorines y todo. Poco más. Y tanta frustración política de la altiva dama de Carbayonia y de su sidecar, alcaldín, para humos y coches que, a falta de estaciones nuevas de trenes y buses, se sacan ahora de la manga la locura de un intercambiador de autobuses ¡en el Humedal! Es lo que hace la desesperación galopante.

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