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Agustín Guzmán Sancho

El hermano de Francisco de Paula

Entre las circunstancias que moldean nuestro “yo” es la primera el nacimiento, la familia, el número de hermanos o el lugar que entre ellos ocupamos. Por eso, al recordar ahora el 210.º aniversario de la muerte de Jovellanos, nos preguntamos, cuánto de su personalidad debía a su familia y más concretamente a su hermano Francisco de Paula, cuál fue su influencia, hasta qué punto cabe decir que lejos de ser Paula el hermano de Jovellanos, habría que decir que fue Jovellanos el hermano de Paula.

Para empezar: ¿por qué no fue Jovellanos marino como sus hermanos? Desde luego no fue por falta de capacidad para el estudio de las matemáticas o de la astronomía tan necesarias para la navegación, ni por falta de ardor combativo y amor patrio, pues le vemos lamentarse, días antes de su muerte, de no tener ya años para ofrecer sus huesos dejándolos “en el campo de batalla concurriendo a la venganza de tantos ultrajes” como había sufrido su patria. Fue el caso que siendo su tía materna abadesa de las Pelayas de Oviedo, tenía el derecho (ella; no la comunidad) de proponer la persona que habría de disfrutar el beneficio simple diaconal de San Bartolomé de Nava. Y dado que los Jovellanos no eran muy boyantes, decidieron que la tía propusiera a su hijo Alonso para tal beneficio. Pero este, después de tomar posesión, lo renunció para hacerse cargo del mayorazgo de su casa tras la muerte de su hermano Miguel; se podía decir que ya tenía asegurado su modo de vida. Al quedar vacante el beneficio, se lo ofrecieron al siguiente hijo, que era Paula, quien, decidido a ser marino, no lo quiso. Por ello vino luego a recaer la elección en Jovellanos, niño sumiso y obediente, a quien, previa dispensa por no tener la edad canónica, que era la de 14 años, se le dio la primera tonsura con lo que adquirió la condición de clérigo, condición a su vez para poder optar al beneficio. Y de esta manera Jovellanos seguirá la carrera eclesiástica y se hizo hombre de letras y letrado. Curiosamente, el beneficio no lo disfrutó él pues sirvió en parte para pagar la dote de su hermana Catalina.

El hermano de Francisco de Paula

Por otra parte, ¿qué hubiera quedado de Jovellanos poeta si en lugar de hacer desaparecer sus versos, como a punto estuvo, no los hubiera enviado a su hermano Paula? Muy poco, aunque quizás algo más de lo que quedó de su hermana Josefa, poetisa en bable, o de su hermano Alonso, que hacía “muy buenos versos” o de su padre, que los hacía “bellísimos”, o de su hermano Paula, que sabemos hizo uno que dedicó a Juan Meléndez Valdés. No hay duda, la familia Jovellanos amaba las letras. De hecho, Jovellanos enviaba a su hermano sus composiciones para merecer de él la aprobación. Así hizo con su tragedia Pelayo, que Paula, estando en Madrid, dio a leer a Iriarte por mandato de Jovellanos y como no le gustó lo que dijo acerca de ella, se atrevió a llamarle: “erudito de covachuela”. Es muy probable que sin la aprobación de su hermano Jovellanos no hubiera dado a la luz pública esta tragedia ni otra.

Tampoco Jovellanos hubiera llevado a cabo, al menos como lo hizo, el Real Instituto Asturiano sin su hermano, a quien atribuye claramente en la intimidad de su diario el título de cofundador cuando escribe lo que quiere que valga como su testamento: “mis libros sean para el Instituto, que él y yo fundamos”. No solo porque dio su casa para la primera sede del Instituto y fue profesor de matemáticas y director, sino porque todo el proyecto debió de ser consultado y tratado entre ambos hermanos. ¿cómo no contar para una Escuela de Náutica con un marino experto, gran matemático, autor de planes de estudio para la enseñanza de la astronomía en la Escuela de Guardiamarinas, y persona tan a la mano y de toda confianza? El proyecto ab initio debió de ser de ambos hermanos, lo que ocurre es que solo lo conocemos a través de las cartas y diarios de uno de ellos, que habla siempre por y de sí mismo. Y no menos lo serían los otros trabajos cuantos se llevaron a cabo en Gijón en aquel tiempo en que se ha dicho que fue Jovellanos el alcalde en la sombra. Jovellanos era entonces el conseguidor en la corte de cuanto concebía Francisco de Paula, como alférez mayor, en Gijón; y a la inversa, realizaba en Gijón el alférez mayor lo que el consejero de Órdenes concebía en la corte. El paredón de la iglesia, el paredón de la Garita, el empedrado de la villa, el cerramiento del Humedal, la fuente de Tremañes, la concesión de terrenos para edificar, y los paseos y plantíos atribuyó Jovino a su querido Pachín.

En toda iniciativa en Asturias estuvieron unidos ambos hermanos. Fue Paula miembro de la Junta encargada de trazar la carretera de Oviedo, y por eso en el leguario conmemorativo que hoy se conserva en La Corredoria aparece una inscripción que encabeza Jovellanos y cierra su hermano. También fue Paula el mayor accionista y estuvo al frente de una sociedad anónima para la explotación de una fábrica de hiladillos en Gijón, de la que fueron accionistas también su hermano Jovellanos, Campomanes, familiares y allegados.

¿Y del Ministerio? ,¿hubiese sido ministro Jovellanos sin el aliento que le prestó su hermano? Basta repasar su diario para ver cuánto influyó en aquellos días. Sobre todo, antes, cuando Godoy nombra a Jovellanos embajador en Rusia y le envía una carta confidencial muy cariñosa, que emociona al ingenuo Jovellanos, diciéndole que conteste francamente si está dispuesto o no a ir a Petersburgo. A punto estuvo de negarse, pero su hermano le anima a que acepte el destino y al fin venció Paula: “Venció –dirá Jovellanos– porque tal es mi suerte, ceder al ajeno dictamen cuando veo que se dirige a mi bien”. Siempre vio que se dirigía a su bien todo cuanto le aconsejaba su hermano.

Y vino luego una posta de Madrid y se oyeron sus cascabeles en la casa y el hortelano dio aviso y no le creían y venía el nombramiento de ministro de Gracia y Justicia. Y de su boca salieron estas frases: “¡Adiós quietud para siempre!”; “Haré el bien evitaré; el mal que pueda! ¿Dichosos yo si vuelvo inocente!”; “Preparativos de viaje y abatimiento, y confusión consiguiente”; “Paula animándome me traspasa el corazón ¡Quién me diera su espíritu y firmeza de carácter!”.

Y honró Jovellanos a su hermano cumpliendo su testamento tal y como lo dispuso, aunque dispuso más de lo que podía disponer, y cedió a las presiones de su cuñada, Gertrudis, que, asesorada por el obispo de Oviedo, Juan de Llano Ponte, creía tener más derechos como viuda de los que tenía. Y al fin vino ella a reconocer su error y vinieron a vivir tal y como quiso Paula: “con la unión y hermandad con que han vivido hasta aquí y yo apetezco”. Tal fue Jovellanos: obediente en todo siempre a su hermano.

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