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Javier Gómez Cuesta

Palabras con silencio

Javier Gómez Cuesta

Don Gabino en el libro de Bono

La reconciliación en España

Ha publicado el prolífico expresidente del Consejo de los Diputados José Bono un último libro que sobresalta por su título: “Se levanta la sesión. ¿Quién manda de verdad?”. Aparecen personas más o menos relevantes de la reciente historia de España. Entre ellas, en boca de José María Martin Patino y durante un almuerzo, cita una “transcripción no corregida” de las suyas, en la que Patino le comenta que Don Gabino tuvo una comida con Juan Pablo II, en la que al comunicarle el papa su intención de beatificar a los mártires de la Guerra Civil, el Arzobispo Presidente de la CEE le manifestó que “eso no era muy bueno, porque en España se entendería mal y que él no podría ir a su pueblo natal, Mora, sin ser recibido como un hipócrita después de haber perdonado como había hecho a quienes habían asesinado a sus padres”.

No voy a negar la veracidad y fiabilidad de lo confesado por el vicario y secretario del cardenal Tarancón. Quedo perplejo y desconcertado. Don Gabino vive con la cabeza despejada y las facultades para expresarse muy deterioradas. Pero, después de diecisiete años a su lado en ese tiempo de la Transición, puedo afirmar con toda verdad y hay testimonios escritos que lo avalan: que Don Gabino trabajó “con toda su alma” por la reconciliación. Merece un monumento. Procuró por todos los medios, la no utilización política de los mártires, que equivaldría confundir su testimonio. Estuve con él en Mora donde era saludado con mucho cariño y aplaudido y rezando ante el muro donde fueron “martirizados” sus padres el 21 de agosto de 1936; su madre acompañaba a su esposo rezando con él y animándolo a dar testimonio de fe, lo que valora “como herencia más valiosa que tierras y dinero”. De hecho, están incluidos en un proceso de beatificación de la diócesis de Toledo que él tenía ilusión en llegar a ver. En Asturias, inicio y fomentó la beatificación lograda de los “Seminaristas mártires”. Lamentó que, por las exigencias de los procesos, quedaran muchos sin alcanzar esa gloria. Que conste, por si la transcripción levanta alguna duda.

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