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La Nueva España

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Sariego

Nuevas epístolas a “Bilbo”

José Manuel Sariego

Diálogo imposible

Soliloquios obligados

Quienes siguen por este periódico el carteo semanal que nos traemos, “Bilbo”, me reprochan que monopolizo las conversaciones, que no procuro el diálogo, que te utilizo, que abuso de tus silencios, que te trato como a coartada barata con el único fin de evacuar mis particulares obsesiones. No sé, la verdad, qué quieren que haga si no abres la boca más que para jadear o ladrar y apenas logro interpretarte cuatro ladridos básicos: “quiero jugar”, “ábreme la puerta del balcón”, “no me gustan los artefactos rodantes ni la pinta de algunos chuchos”, “dejad de gritar, que no soporto el alboroto”. Y para de contar. Qué más quisiera yo que poder mantener contigo los sabrosos diálogos que mantenía con mi hija cuando tenía tu edad. Te va una muestra, por si te sirve.

–¿Tú quieres ser pobre, papá?

–Nadie quiere ser pobre.

–Pues los pobres de África son pobres porque los que tienen dinero de África no lo quieren repartir. Ellos sí quieren que haya pobres.

–Umm.

–Todo el mundo tendría que compartir. Xana y Cristóbal no comparten nada; además dicen que yo no puedo tener muchos novios.

–¿Tienes muchos?

–¡Bah! Es que andan por mí casi todos.

–¿Por qué no compartes los novios?

–Papá, si no son míos cómo los voy a compartir.

–Oye, hija, si no inclinas la cabeza hacia atrás, no podré desenjabonarte el pelo.

–En mi habitación coloqué un letrero que dice: Fumar es una cosa que puede hacer que mueras y también que tengas una enfermedad.

–Está bien.

–Alberto nos contó que una vez las jirafas, que lo huelen todo, tragaron colillas y se pusieron enfermas y les salió un círculo negro de humo en la barriga.

–¿Y se murieron?

–No. Estuvieron malas una temporada.

–Vaya.

–Lo que dijo Alberto ya lo sabía yo. Jolín, papá, me estás echando agua por los ojos. Dame una toalla, anda. ¿Tienes miedo de los indios? Yo no. Les digo: ¡Alto! Somos humanos educados. Bueno, algunos son guarros que tienen que aprender educaciones.

–Ya.

–Tampoco tengo miedo a los monstruos porque les digo: ¡Alto!

–Entonces, ¿a quién tienes miedo?

–A Caldera Ensombra, a su mujer, Pepa, y a Baltasar el ayudante. Atacaban a Pin, a los monitores y a los niños del campamento.

–Vaya, vaya.

–Pues Marisol me parece que quería ser pobre en una película que vi en el vídeo.

–¿Sí? Si no sales inmediatamente del agua, llamo a Caldera Ensombra.

–Jo, papá.

Esa niña se nos escurrió, Bilbo, entre las fauces del tiempo y retahílas de soliloquios.

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