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Raúl Suevos

¿Dónde está la aviación rusa?

Sobre la invasión a Ucrania

En la guerra convencional, es decir, la tradicional, esa que solemos ver en la pantalla de televisión, o del cine, con tanto de carros de combate, masas de infantería y aviación, mucha aviación, lo primero que se da es la batalla por el cielo, o lo que es lo mismo, la definición de la supremacía aérea; quien la logra tiene gran parte de la guerra ganada. Así fue en la mayoría de los conflictos, en algunos casos de forma memorable, como en la Guerra de los Seis días, en la que la aviación judía fulminó en los hangares de sus bases a la mayor parte de las fuerzas aéreas de los países árabes a los que se enfrentaba. Eso ocurrió en las primeras horas del primer día de aquellos seis.

En el caso de la invasión de Ucrania existía una clara ventaja rusa en relación con sus fuerzas aéreas, modernizadas en los últimos años y que cuentan con un gran número de cazabombarderos Sukoi de última generación; esos que apenas se ven estos días por los cielos ucranianos. Y cabe preguntarse por qué, y es difícil encontrar respuestas, aunque la inteligencia británica nos da algunas claves para comprender el asunto.

La mayor parte de los bombardeos rusos están corriendo a cargo de misiles balísticos de diverso tipo y alcance; también se observan algunas acciones de bombardeo aéreo a cargo de parejas de aparatos que se desenvuelven a última hora del día, con poca visibilidad. Aún así, son ya varios los aparatos derribados por los defensores ucranianos; y es que, al parecer, falta instrucción en la Fuerza aérea rusa.

Cuando hay superioridad manifiesta, lo normal es empezar con oleadas de aviones, que serán “iluminados” por los radares de la defensa aérea y algunos derribados pero que, a su vez, descubrirán los emplazamientos de esos radares que entonces podrán ser atacados. En la siguiente fase, enjugadas las pérdidas, ya se tendría la superioridad aérea.

El problema para los rusos es que, aunque tienen buenos aparatos, apenas tienen simuladores, que son carísimos, y sus pilotos cuentan con muy pocas horas de vuelo de instrucción, menos de la mitad que los pilotos de la OTAN, y casi ninguna experiencia en formaciones complejas de ataque; prácticamente sólo conocen la acción en parejas, como se ha visto sobre los cielos de Siria, así que han tenido que adaptarse y, al tiempo, enfrentarse con la defensa antiaérea ucraniana que contaba con unos cuantos sistemas Buk, de media cota, y ahora con profusión de misiles Stinger de baja cota llegados de occidente.

Como resultado las fuerzas ucranianas pueden combatir sin el temor de el cielo se desplome sobre sus cabezas.

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