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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

La pachanga de las bandas sonoras

Lo que hace Constantino Martínez-Orts al frente de la Film Symphony Orchestra es lo mismo que hacen las orquestas “de prao” en las romerías de verano, solo que en vez de utilizar éxitos de música de baile, se sirve de música de películas. Tras el parón de la pandemia, el mejor título que se le ocurrió fue “Fénix”, simbolizando así el resurgir “de la vida, del arte y la cultura”, tal y como explica Martínez-Orts en las presentaciones. Pero en lugar de “Fénix” bien podría haber utilizado cualquier otro nombre que se le hubiera pasado por la cabeza y el resultado sería el mismo. No hay coherencia ni hilo conductor, simplemente hay música que funciona muy bien, porque la mayor parte del público la conoce. Toca pildoritas de bandas sonoras sin conexión entre ellas, de manera que si le da la vuelta al repertorio y empieza por el final, el resultado sería el mismo. Eso no quiere decir que esté mal tocado o que no me guste, porque también las buenas orquestas “de prao” tocan bien, y me gusta divertirme en una romería.

Abrieron con Ludwig Göransson, interpretando pequeñas partes de la serie “The Mandalorian”, uno de los compositores más interesantes de la escena actual (“Tenet” o “Black Panther”, entre otras). A continuación “Ben-Hur”, de Miklós Rózsa, y el último vals de Bernard Hermann, cuya interpretación compro porque son partituras sinfónicas y están bien tocadas. Lo difícil es crearlas. Seguidamente, algunos de los presentes descubrimos la serie “Los Bridgerton”, y quedamos con ganas de ahondar en ella. De esta primera parte también destacaría “Matrix”, por la dificultad rítmica bien resuelta.

Y después de la obertura de Patrick Doyle, llega el primer patinazo para mi gusto: “El Código da Vinci”, de Hans Zimmer. La orquesta no capta las peculiaridades de Zimmer porque detrás de este compositor hay muchas horas de producción y un trabajo tímbrico exquisito, que no es reproducido por la Film Symphony aunque tire de coros grabados, como es el caso. Ahí estaban las notas de las partituras, pero no los timbres ni el sentido. Y para cerrar las pifias de la primera parte, un batiburrillo de temas de “West Side Story”. ¿Qué tiene que ver Bernstein con Zimmer o Göransson? Será que las partituras estaban de oferta al 2x1.

Ya en la segunda parte, tras el concurso habitual, rescataron, entre otros, al gran Alfred Newman con “La Conquista del Oeste”, y a Nicola Piovani con “La vida es bella”. Tampoco podía faltar en esta ensalada de astros del cine Dimitri Tiomkin para introducirnos a ritmo de marcha en el mundo del circo. Y el momento estelar del concierto llegó con “Gladiator” y una voz soprano que bordó el papel de Lisa Gerrard.

Para cerrar, “La Bella y la Bestia” y los bises “Iron Man 3” y “Cantina Band”. Y otra vez más me quedo con la sensación de haber escuchado un montón de bandas sonoras que no tienen nada que ver unas con otras, como una orquesta de pachanga en versión cine.

Me encantaría poder ver un concierto de la Film Symphony Orchestra interpretando menos cantidad y más desarrollo y profundidad de cualquiera de los compositores seleccionados. Porque calidad no les falta.

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