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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

Rescatando a Boccherini

El concierto organizado por la Sociedad Filarmónica para celebrar la Semana Santa

Dos obras del compositor Luigi Boccherini protagonizaron el concierto ofrecido por la Sociedad Filarmónica de Gijón para celebrar la llegada de la Semana Santa y con el mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. El lunes previo al concierto, el catedrático de musicología Ramón Sobrino se encargó de impartir una conferencia que tituló “Iuxta Crucem lacrimosa”, en la que profundizó sobre la obra de Boccherini y en especial sobre el “Stabat Mater”, compuesto en 1781. Nadie mejor que Sobrino para iluminarnos sobre una etapa histórica española que aún queda mucho por explorar.

Sobre las tablas del Jovellanos el “Ensemble Trifolium”, formado por Carlos Galifa y Sergio Suárez (violines), Juan Mesana (viola) y Javier Aguirre (violonchelo), inició el concierto interpretando el “Cuarteto en Do menor, Op. 2, nº 1”, escrito por Boccherini en su periodo italiano antes de establecerse en España definitivamente. En el segundo de los tres movimientos observamos un importante protagonismo del violonchelo que fue solventado con ciertas dificultades de afinación por el chelista Javier Aguirre. Más lucido quedó el último movimiento Allegro con sus contrastes, que sirvió para compensar los desajustes anteriores.

En la segunda parte se interpretó la primera versión del “Stabat Mater” de Boccherini y para ello se incorporó al cuarteto la contrabajista Susana Ochoa, para interpretar la partitura escrita para un segundo “violoncelli obbligati” que fue sustituido por el contrabajo. En esta obra el protagonismo absoluto se lo llevó la soprano extremeña María Espada, que puso voz al himno medieval de origen franciscano y dejó al auditorio impresionado con su calidad vocal. Especialista en este tipo de repertorio su fama le precedía, sin embargo, su voz en directo es aún más redonda y más cálida, superando la calidad de las versiones discográficas. Además, dotada de una técnica sublime y una buena dicción acometió los versos con gran expresividad, metiéndose en el papel para darle emotividad al sufrimiento de María durante la crucifixión de su hijo.

A pesar de los problemas de afinación que hubo, en parte debido al empeño “historicista” de prescindir de los avances más modernos (como la pica del chelo) y preferir cuerdas de tripa, que en ocasiones no empastan con las metálicas del contrabajo, fue un magnífico concierto en su totalidad, por la exquisita voz en directo de María Espada y por la singularidad del repertorio tan pocas veces escuchado. El mérito es de los artistas por su calidad y su interés en rescatar obras de nuestro patrimonio que merecen más luz, como estas de Boccherini.

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