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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

Con aires americanos

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) volvió al Teatro Jovellanos con un programa ambicioso bajo la dirección del mexicano Carlos Miguel Prieto, y con su estilo carismático dio vida a dos obras contemporáneas cuyos compositores contribuyeron a engrandecer las partituras sinfónicas estadounidenses.

Previo al concierto leíamos las interesantes notas al programa (en papel, por fin) y observábamos la cantidad de obras de Beethoven a las que hace referencia la composición de John Adams “Absolute Jest”, convirtiéndose la escucha en un ejercicio activo que despierta las neuronas del oyente para descubrir qué fragmentos y qué obras están presentes en esta pieza a modo de scherzo juguetón, que dura la osadía de veinticinco minutos sin paradas. Por lo tanto, no fue solo una escucha pasiva en modo diletante. La creación de Adams para cuarteto de cuerda y orquesta es sublime y la partitura es tan compleja que necesita de unos ejecutantes capaces de definir con claridad las líneas contrapuntísticas con un meticuloso cuidado en cuanto a la regulación de las dinámicas. ¡Quién mejor que el Cuarteto Quiroga para estos menesteres! Pocos cuartetos hay a su altura y lo demostraron una vez más en las partes solistas y en diálogo con la OSPA, que se crecía ante el reto de estar a la altura de los Quiroga. Tal fue la ovación que quisieron agradecer los aplausos interpretando “Lento assai”, del último cuarteto que escribió Beethoven antes de morir.

Tras la pausa y ya sin el cuarteto, la OSPA desplegó su potencial para interpretar una obra que identifica plenamente al pueblo norteamericano: la “Sinfonía nº 3” de Aaron Copland, cuyo estreno sirvió para festejar la victoria de los Aliados tras la II Guerra Mundial. La dirección de Prieto transmitía entusiasmo y los músicos se contagiaban de esa vitalidad al interpretar una obra estructurada en tres movimientos más la parte final que incorpora la “Fanfarria para el hombre común”. ¡Qué bonita composición! Esos sonidos abiertos y las largas líneas melódicas volaban y se entrecruzaban con los contrastes joviales del scherzo hasta llegar a la explosión final y compleja de la fanfarria. Los timbres estuvieron cuidados y las notas bien medidas y el resultado fue una magnífica interpretación por parte de la OSPA bajo la dirección de Miguel Ángel Prieto. En definitiva, un éxito de programa muy americano que no es fácil de ejecutar y que el escaso público agradeció con calurosos aplausos.

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