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Isabel Menéndez Benavente

Tormenta de ideas

Isabel Menéndez Benavente

Hasta pronto

Se acaba mi curso escolar. Ustedes saben que los años para mí, por mi trabajo y por mis niños, todos, van por cursos. En junio llegan las vacas y con ellas el descanso. Así que a ustedes también les toca descansar de mis rollos hasta septiembre, que si Dios quiere, me podrán volver a leer, si es que tienen esa paciencia. Ha sido un año duro. Un año como todos estos últimos, llenos de incertidumbre, de mascarillas, que a mí, al menos, me tapaban no solo la cara, también el alma. Un año de un trabajo que está siendo agotador porque esas mismas mascarillas y lo que han significado en cuanto a miedo, aislamiento, desesperanza… ha hecho que la gente sufra mucho más y que a veces me cueste tanto dormir, por no poder hacer algo más por ellos. El sufrimiento de los niños, de los adolescentes, jamás me es ajeno.

Pero quieres volver a salir, quieres bailar, cantar, hasta ir a festivales que ya ni me acuerdo al último al que fui, porque ¿saben? Aunque una esté en la tercera edad, sea francamente mayor, lo terrible es que por dentro sigues siendo una niña. Y necesitas aún los mimos, la protección de los que quieres, porque a veces, muchas, te sientes sola, desamparada ante tanto dolor, ante tanta pena, las tuyas y las ajenas, que no siempre sabes gestionar. Aunque todos te vean tan fuerte por fuera que parece que tu vida es color de rosa. Ustedes saben que no. Me conocen muy bien, por eso, necesito este descanso. Este año me he podido escapar varias veces. Con mi nieta, con mis cuñados, sola con él… Han sido pocos días, pero a menudo.

Pero no he logrado desconectar en esas minivacaciones. No he conseguido poder dormir por las noches o dejar que esta cabeza pare de dar vueltas. Estaba con la adrenalina a tope y cuando por fin me tranquilizaba, tenía que volver a enfrentarme a la vida, como todo el mundo. Por eso necesito parar algo de tiempo. El que sea necesario para recomponerme, para pensar en mí misma, para mimarme, para olvidar, para seguir soñando con llegar a ver la felicidad de todos los que amo, que es lo que me mantiene viva. ¿Seguir luchando? Claro, el día que no lo haga, lo sabrán porqué ya no estaré en este mundo.

La lucha ha nacido conmigo, la llevo en mis genes, como la llevan las mujeres de mi vida, las de antes, las de ahora. Pero para la guerra, para las batallas tienes que tener la mente clara y el cuerpo en forma, dispuesto, porque son eso… batallas, no la guerra. Esa aún no ha llegado. Debo prepararme. Parar y descansar. Y volveré. No lo duden. El curso empieza otra vez en septiembre.

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