El Sporting abrió ayer de par en par la puerta a un porvenir esperanzador con la adquisición por parte del Grupo Orlegi del 73 por ciento del paquete accionarial del club. Atrás quedan casi tres décadas de gestión a cargo de la familia Fernández, un proyecto que daba síntomas de agotamiento deportivo, no solo por la mala temporada recién finalizada sino por la imposibilidad de consolidar a la entidad en Primera División, el lugar que le corresponde por historia, masa social, instalaciones y cantera. Aunque todavía quedan muchas incógnitas por despejar, el aterrizaje en Gijón del conglomerado mexicano debe interpretarse como lo que es: un tiempo nuevo que regenerará el funcionamiento de un símbolo fundamental para la ciudad. Tres motivos invitan al optimismo: la solvencia económica que ha acreditado el complejo empresarial, su experiencia en el complicado cosmos del fútbol y su red de contactos tanto en Europa como en Latinoamérica. La entusiasta reacción de la afición rojiblanca al cambio de propiedad es la mejor prueba de que la nueva era ha empezado con buen pie.

Especialmente tranquilizadora es la composición del nuevo consejo de administración, adelantada en exclusiva por LA NUEVA ESPAÑA. Que el dueño de Orlegi, Alejandro Irarragorri, vaya a ocupar la presidencia (siguiendo el mismo modelo que en sus dos clubes mexicanos) demuestra su elevado grado de compromiso con el proyecto recién iniciado. Habrá además un presidente ejecutivo, David Guerra, conocedor a la perfección de los movimientos futbolísticos porque ocupó cargos destacados en LaLiga. De consejeros ejercerán Alfonso Villalva y Martin Hollaender, también ligados a este deporte.

Conocida la reorganización, falta ahora desvelar detalles acerca de la planificación deportiva, que correrá a cargo del gijonés Gerardo García, al que nadie tiene que explicar la envergadura del Sporting porque es el club de su vida desde que era niño. Sobre sus hombros descansará la revolución pendiente en la plantilla, primer paso para el equipo dé cuanto antes un paso al frente en Segunda División con vistas a conseguir cuanto antes el ascenso a la máxima categoría. Ese es el objetivo irrenunciable a partir de ahora. Y para ello será necesario todo el apoyo institucional y social. La causa merece mucho la pena.