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Maribel Lugilde

Fuerza centrípeta

Recelos gijoneses al consejo regional de cámaras de comercio

La Cámara de Comercio de Gijón ha echado temporalmente freno al proceso de constitución de un consejo regional que coordine las tres entidades asturianas, al estilo de los que existen en otras comunidades autónomas o al de ámbito estatal, hoy Cámara de España. Es lógico que mire con lupa el texto que elabora la administración regional para dar cobertura normativa a ese órgano superior: si alguna tiene razones para poner reparos es la gijonesa, cuya envergadura y actividad, fundamentalmente derivadas de la gestión del recinto ferial, le otorgan una dimensión diferente a las otras dos. Para coordinar funciones sin perder autonomía, hay que hilar fino.

Hace lustros se frustró una iniciativa de fusión cameral por razones parecidas. Tampoco desde la administración regional, responsable de tutelar la actividad de estas entidades, se puso entonces especial interés. Fue un fuego fatuo. Entre medias, sucedió el cambio normativo que liberó a las empresas de la cuota obligatoria. Aquello supuso un auténtico test de supervivencia para estas entidades, instaladas en la comodidad de los recursos garantizados. Sufrieron una dura transición hacia su nueva razón de ser reduciendo plantillas y ajustando gastos, algunas de forma dramática.

Una de las que mejor encajó el golpe y hoy mantiene una plantilla superior a la media es la de Gijón, gracias a la actividad ferial. Prácticamente todas las cámaras están vinculadas a los recintos de sus demarcaciones formando parte de sus consorcios rectores, la gran diferencia es que la gijonesa, además, ostenta su gestión directa. Los ingresos de la actividad ferial y congresual y, particularmente, los de la feria de agosto, fueron el gran balón de oxígeno cuando vinieron mal dadas.

En los tiempos de su creación, la red de cámaras de comercio se asoció a demarcaciones establecidas con cierta coherencia. La gijonesa, por ejemplo, incluye territorialmente a Langreo, vinculación que nace de su pasado metalúrgico y minero asociado al puerto de El Musel. El tiempo ha pasado, Asturias ha bajado del millón de habitantes, el paraíso natural se ha quedado en el perímetro de la España vaciada y urge crear tejido empresarial y fijar población. Si la coordinación entre entidades similares tiene siempre sentido, en el contexto actual asturiano, más que nunca.

Así lo ha visto la administración regional y las propias cámaras. Pero reflejarlo en un texto de referencia será laborioso. Gijón no quiere caer atrapada en la fuerza centrípeta que tiende a hacer caer las decisiones en el centro administrativo. Lógico. Próxima ya la feria de agosto, quizás su invisible trastienda propicie una oportunidad para el diálogo. Conviene no perder la oportunidad. Si se quiere, se puede. Y si no, seguirán corriendo los años.

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