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La Nueva España

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Jaime Torner

La humanidad y los médicos

LA NUEVA ESPAÑA publicó un artículo de una colega donde resaltaba la humanidad que precisa un médico para tratar a sus pacientes: "Evitando la soberbia y prepotencia para, en último recurso, consolar al paciente". Aun admitiendo que la Medicina moderna haya perdido parte de su "arte" en curar enfermedades debido a la actual sofisticada tecnología, pienso que procede enfocar el tema con mayor realismo. Me explico:

En primer lugar, tras más de 40 años como cirujano especialista de la Sanidad Pública polarizado a la Patología Mamaria, deseo manifestar que el supuesto planteado por mi colega resulta muy infrecuente porque la inmensa mayoría de médicos entregados a su profesión lo hacen por vocación, mayormente surgida en personas con elevado sentido humanitario: Consiguientemente, no suelen precisar clases de humanidad puesto que habitualmente nacen con ella y, de hecho, muy pocos compañeros ejercen la profesión deseando "sentirse como dioses" ante sus pacientes o, incluso peor, lucrándose con ello.

En segundo lugar, la profesionalidad y dedicación al paciente de la mayoría de médicos implica maratonianas jornadas laborales para atender saturadas consultas ambulatorias, en hospitales con prolongados partes de quirófano y agotadoras guardias médicas; algo que hace muy difícil (o imposible) atender idóneamente al paciente. Además, durante la pandemia del covid, a dicha presión asistencial debe añadirse el riesgo del propio contagio (tras un accidente laboral), forzando al máximo la resistencia física-psicológica del personal sanitario y generándose frecuentes casos de "stress laboral".

En tercer lugar, coincido con esta colega que la empatía con el paciente es un atributo básico del médico: Saber escuchar el relato de sus síntomas y las circunstancias que le rodean siempre ha sido decisivo para elaborar un diagnóstico clínico certero y encauzar el tratamiento. Sin embargo, actualmente, la sobrecargada agenda asistencial exige al médico ser resolutivo, primando una ágil (y, normalmente, acertada) objetividad sobre cualquier atención más pausada o complaciente con el paciente.

Finalmente, según mi experiencia, esta empatía no debe conllevar una excesiva implicación personal en cada caso: de hecho, durante mi formación como MIR, aprendí a ejercer como cirujano atendiendo los conocimientos de una correcta "praxis médica" y respetando la ética profesional, aunque procurando observar una distancia emocional con cada paciente para mantener la "mente fría" al tomar decisiones críticas, sobre todo, durante complicadas intervenciones quirúrgicas.

En definitiva, para ejercer correctamente su profesión, un médico debe tratar cada paciente con la justa proporción de objetividad y humanidad. No obstante, discrepo de mi colega respecto al cometido de consolarlo emocionalmente para superar pronósticos irreversiblemente desfavorables, porque lo considero tarea más propia de un psicólogo o, incluso, de un sacerdote.

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