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Raúl Suevos

Arde Troya

Los incendios forestales y sus causas

La mayoría del personal tiene perfectamente definida la imagen de la vieja ciudad griega del Asia Menor ardiendo por los cuatro costados. Unos, los menos hoy en día, desde los renglones de la literatura épica de Homero y los más desde las más cómodas y sencillas imágenes del cine en sus distintas épocas, pues las historias de la bella Helena o el heroico Aquiles dan, dieron y darán mucho juego a guionistas y directores. Ye lo que hay.

De Troya sólo quedaron cenizas, como demostró en su momento, 1870, un alemán de apellido Schliemann que se empeñó en excavar allí donde Homero ubicaba la ciudad hasta dar con los restos del incendio, que debió ser pavoroso, y también con el conocido como Tesoro de Priamo, el rey, padre del noble Héctor y responsable, al negar la entrega de Helena, del holocausto de fuego en que acabó aquello.

En Asturias estamos lejos, por ahora, de parecernos a Troya, y el presidente Barbón no parece de talante belicoso, pero la imagen de nuestros vecinos bregando con sus bomberos forestales, y en muchos casos con la ayuda de la UME, contra el acoso de descomunales incendios, de envergadura y características desconocidas en nuestro país en el pasado próximo, debería dar que pensar a nuestro Priamo particular, pues en esos fuegos podemos encontrar señales suficientes como para recapacitar sobre las actuales políticas forestales en particular y sobre las políticas relativas al agro en general. Es llamativo que allende el Negrón estén ardiendo con especial furor varios Parques naturales o nacionales. ¿Será, quizás, que las ordenanzas que a estos espacios afectan, que impiden el uso de los mismos como espacio económico y de aprovechamiento para los pocos lugareños que van quedando en sus inmediaciones, convierten el monte en un inmenso polvorín, o será, como las declaraciones oficiales parecen indicar, todo debido al cambio climático?

La mayoría de los pueblos asturianos han visto con el paso de los años como se abandonaban huertas y prados en su entorno cercano, espacios que antes, con un monte saneado, suponían una barrera adicional frente al fuego. Hoy las arboledas, de crecimiento natural, llegan hasta las casas y se apoyan en los tejados, dando una imagen de paraíso natural que esconde un peligro potencial de carácter explosivo y que más pronto que tarde, si no se activan políticas de prevención, hará que en Asturias lloremos como lo hacen estos días en otras partes de España. Señor Barbón, póngase las pilas, limpie el monte inmediatamente sin esperar al próximo programa electoral. No todo es cosa del cambio climático.

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