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JC Herrero

Teoría de la relatividad

Sobre el paseo del Muro

Inopinadamente llamamos paseo del Muro a un trazado urbano que permite caminar por un conglomerado de contención de aguas de mar, ensenada tallada en concha. No es una originalidad, toda la vertiente cantábrica, incluso mediterránea francesa es una réplica. Las culturas, las civilizaciones crecen al pie de las aguas.

Este litoral-capricho se repite desde La Coruña a San Sebastián, Gijón está en el medio y esculpe su geografía humana precisamente a caballo entre ambas ciudades y Santander, referentes a lo largo del último siglo y medio con el que diseñamos nuestro paseo del Muro.

Los tamarindos, o tamariscos, que hacen de cortina entre el paseo propiamente dicho y la discutida vía del tráfico fueron importados por las familias gijonesas que veraneaban en Biarritz, Niza, San Sebastián y Santander.

Un centenario tamarindo, el más vetusto, aguanta erguido, lúcido púrpura abriendo sus poderosos brazos sobre la bahía gijonesa. Sobrevivió cuando fue arrancado del cerro y expulsado a las salinas aguas de San Lorenzo, el mar le salvó de las llamas, y el salitre se confunde con su savia.

En la calzada del Muro el tráfico es motivo de desencuentro para el disfrute del "balcón de Gijón", un "Elogio" que se extiende más allá de Santa Catalina, luna y sol se dan la mano.

Tras el litigante "cascayu" hay quien aspira a horadar el subsuelo ocultando el tráfico, escondemos la relatividad que supone la velocidad del paso humano con la de las máquinas.

Ya hay robots carteros que no superan los seis kilómetros por hora y satisfacen la logística de los comercios. Es el futuro.

El vehículo de ciudad empieza a caducar, no es cuestión de contaminación sino de conjugar espacio-tiempo, la relatividad en definitiva.

El verdadero Muro de San Lorenzo son las edificaciones que se levantaron despóticamente sobre el arenal, quizás los vidrios de sus nuevas fachadas traten de reflejar un sol robado, como que piden perdón.

A diario, miles de almas saludamos al mar, le respiramos. Si el sol acompaña, nos adentramos en esa "pila bautismal" regalando al cuerpo y mente una sensación placentera, la misma que antaño buscaron gijoneses y foráneos de sábana en aquellos balnearios "La Favorita", "Las Carolinas", "Sultana" y Cantábrica cuando la geografía humana no conjugaba relatividad alguna, el mar entonces era pura salud.

En el paseo del Muro no está el futuro de Gijón pero sí una existencial manera de convivir, de sostenibilidad para las próximas generaciones.

Trabajemos la inversa relación de espacio-tiempo para que el próximo diseño del paseo del Muro sea consensuado, sostenible y deje de agobiar a la mayoría de gijoneses.

Que hablen con el centenario tamarindo, él tiene la respuesta.

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