La Feria Internacional de Muestras de Asturias echó ayer a andar como el mejor termómetro para medir las fortalezas de la región en un contexto de incertidumbre económica por la galopante inflación y el frenazo a la creación de empleo. Lo hizo de la mejor forma posible: con una amplia representación institucional y empresarial y con la sensación generalizada de que la "normalidad", palabra muy manida durante los dos últimos años y medio, ha llegado definitivamente al recinto Luis Adaro. Aún es pronto para aventurar si el certamen alcanzará los números previos a la pandemia, pero hay tres indicadores ilusionantes: el 95 por ciento de los expositores repetirán en esta 65.ª edición, el esfuerzo realizado en sus pabellones tanto por instituciones públicas (como el Principado y el Ayuntamiento de Gijón) como privadas y el regreso de algunos "clásicos" que se habían caído en anteriores ocasiones, como el Ayuntamiento de Oviedo. Los discursos inaugurales en el Palacio de Congresos fueron el reflejo de ese optimismo contenido. A partir de hoy, la palabra la toman los miles de asturianos y visitantes que recorrerán los stands para ver y comprar.

Dos aspectos destacan en esta edición por encima del resto. Por un lado, el enorme esfuerzo realizado por la Cámara de Comercio de Gijón para que la Feria recupere su esplendor tras el triste paréntesis del covid, que obligó a suspender su celebración en 2020 y propició una versión limitada en 2021. Y, por otro, la introducción de cambios que son precisamente del aprendizaje de este bienio, como la adopción de medidas para reducir las aglomeraciones, especialmente en las zonas de hostelería, motivo de quejas habituales entre los visitantes. Convertir el recinto en un espacio más amigable y cómodo para el disfrute y el consumo era un reto que parece ya cumplido incluso antes de que se suban las persianas.

Pero además, el certamen está de sobra preparado para recuperar, sin restricciones, su condición de foro de la vida política y social asturiana durante 16 días. Una cualidad que ayer mismo destacó la ministra Pilar Alegría, al referirse a la Feria como el evento de estas características más poderoso de España, tanto por su número de visitas como por su capacidad para generar sinergias de todo tipo. Con la apertura del Luis Adaro y el inicio mañana de la Semana Grande, Gijón alcanza la cima de su apoteosis veraniega. Los datos de julio han sido buenos, pero el balance definitivo de la importantísima temporada estival para la ciudad no se podrá hacer hasta que finalice este mes. Y la Feria tiene en eso mucho que decir.