Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Sariego

Nuevas epístolas a "Bilbo"

José Manuel Sariego

Guerras y más guerras en Europa

El esloveno Slavoj Zizek, doctor en Filosofía, investigador y profesor, emite una tesis tan sugestiva que no me resisto a resumirte, Bilbo, dado tu estatus de perro europeo. Viene a sostener que la Unión Europea, aunque embrionario e incierto, constituye el proyecto político y social más promisorio del momento. Y que, por lo mismo, sufre el acoso y la enemiga de los países más poderosos: China, Estados Unidos y Rusia. Los intereses contrapuestos de las tres superpotencias desencadenaron, por acción u omisión, demasiadas guerras sobre suelo europeo en tiempos nada remotos. Recordemos: en Chechenia hace 20 años; en Georgia en 2008; en Crimea en 2014; en Alepo en 2016; en Sarajevo en los primeros noventa; ahora, en Ucrania.

China amplifica los conflictos y las revueltas del descontento en Occidente con el propósito de adoctrinar a su población sobre el caos proveniente de un Hong Kong libre, no sujeto a su dominio. La filtración de una conversación telefónica de una diplomática estadounidense durante la revuelta del Maidán mostró a las claras los objetivos de su país en Ucrania: "¡Que se joda la UE!". Hace años que Putin se ocupa descaradamente de desmantelar la unión de Europa mediante sus apoyos al Brexit, al separatismo catalán, a Le Pen en Francia o a Salvini en Italia. Bien podría convenirse, entonces, que los tres gigantes conforman, "velis nolis", un eje antieuropeo.

Zizek observa signos muy preocupantes. Comenta que el 19 de junio de 2022 la convención republicana de Texas, imbuida de trumpismo, aprobó la declaración de que el presidente Joe Biden no fue elegido legítimamente y un programa que establece que la homosexualidad es "una opción de vida anormal" y que se enseñe a los escolares de Texas que el niño no nacido es un ser humano. Qué pasará, se pregunta Zizek, si Trump gana las próximas elecciones e impone un pacto con Rusia abandonando a los ucranios como hizo con los kurdos.

El pensador esloveno recomienda que no miremos para otro lado, que no hagamos como aquel grupo de pacifistas antiimperialistas de 1940 que afirmaban que aquella guerra no era su guerra y no tenían por qué luchar contra los nazis. Quizás esté en lo cierto al considerar que la opción de una unión supranacional europea, aún enclenque, aún en mantillas, sea la ruta más esperanzadora y estimulante de ahora mismo, la única capaz de impedir que se borren las conquistas trabajosamente logradas del Estado de bienestar y de atemperar los afanes expansionistas, las derivas autoritarias, las veleidades belicistas que encarnan las tres superpotencias dominantes. Si queremos mantener la solidaridad con quienes se rebelan contra imposiciones violentas, nos dice, miremos hacia Kiev, Járkov, Mariupol...

Compartir el artículo

stats