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Paco G. Redondo

Gaseoso

Del bullicio veraniego a los nubarrones del invierno

Gijón bulle este verano 2022 como en sus mejores tiempos. Entre Semana Negra a primeros de julio y Festival de la Sidra a finales de agosto, pasando por la Feria de Muestras y diversas fiestas de prao y eventos musicales entre otros. Había ganas de volver a disfrutar en grupos tras los dos años a medio gas del covid y la caída en picado del PIB. Pero hete aquí que la inflación y la mala previsión energética, acentuadas por la invasión de Ucrania por la Rusia de los de Putin, nos colocan ante un otoño e invierno de incertidumbres, en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Así vemos bastante gente, pero muchos comerciantes y hosteleros comentan que el consumo se resiente; y es básico para un crecimiento económico y del empleo estable.

En cuanto al decreto para, entre otras cosas, apagar las luces de los comercios y escaparates desde las diez de la noche durante 16 meses, dicho así en genérico y haciéndolo ya, parece cuestión de suma urgencia y tratamiento igual a situaciones distintas. Habiendo necesidad de ahorrar energía parece lógico para aplicarlo en invierno, pues en enero y febrero a partir de las 10 de la noche ya hay pocos posibles clientes paseando, pero imponerlo en septiembre de 2022 y julio de 2023 parece drástico y, al margen si se invaden competencias autonómicas o no en la materia, puede tener efectos contraproducentes en cuanto a turismo, consumo y seguridad. Otra reflexión: No hay electricidad eficiente para aire acondicionado y calefacción: ¿y están empujando para que todos los coches -¿y camiones?- sean eléctricos cuanto antes?

Otro factor a sumar es la política exterior española dando bandazos. Al cabo los eslabones de la cadena están enlazados. A España le interesa llevarse bien, si es posible, con Marruecos y Argelia, esta gran potencia gasística: pero en cualquier caso potenciar nuestra propia energía hidroeléctrica, eólica y solar. Y por supuesto, que fracase la invasión rusa de Ucrania; si sale bien, será ejemplo para otros intentos: ¿Por qué no invadir Bálticos y Finlandia, como en 1939? ¿Y luego China continental invadir Taiwan? Y si invadir ante gobiernos débiles sale barato: ¿después Marruecos invadir Ceuta, Melilla y Canarias? Siendo los primeros del mundo mundial en des–carbonizar, esperemos no quedarnos en recesión, aún sin hidrógeno verde y a dos velas.

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