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Javier Gómez Cuesta

Palabras con silencios

Javier Gómez Cuesta

Párroco de San Pedro

Una mujer nos abrió el cielo

No cesa la violencia de género. Cada caso nos sorprende y nos indigna. ¡Qué avances tan prodigiosos en la ciencia y qué atrasos en los comportamientos humanos! En lo que va de año han sido víctimas 26 mujeres cuyos casos estremecen sobre todo cuando afectan también a los niños. Las denuncias o peticiones de auxilio al 016 suman un número desorbitado, v.gr. 162.848 llamadas en el pasado año 2021. Más de 40.000 mujeres han tenido que recibir protección. Un infierno de convivencia que manifiesta una enfermedad o patología social difícil de curar.

Cuesta comprender que siga vigente cierto machismo dada la lucha lograda para alcanzar la igualdad, e incluso la superación de la mujer en muchas profesiones y deportes. En la política ahí tenemos a Ángela Merkel, en la investigación a Margarita Salas, en la economía a Úrsula von der Legen... por citar a algunas. Aunque hay todavía cosas chocantes, como que, de los 950 premios Nobel, solamente 53 son femeninos, o que en el Museo del Prado, de los 1150 cuadros expuestos solo hay 10 óleos de 6 pintoras. Y los más paradójico, que de los 12 cocineros famosos españoles (Adrià, Arguiñano, Berasategui, Arzak...), solo se enumere a una mujer, Carme Ruscadella, cuando fue su ámbito toda la vida y muchos varones presumen que su receta favorita la heredaron de su abuela. En la iglesia no podemos presumir, porque aunque en el comienzo de la Biblia se nos dice que "Dios los creo hombre y mujer" y una mujer, María, es la protagonista principal en los momentos culminantes de la vida de Jesús de Nazaret, su gestación y nacimiento y en la crucifixión en el Calvario; y en el santoral cristiano es mayor el número de mujeres canonizadas, la igualdad de la mujeres en la iglesia levanta todavía ronchas y amenazas de cismas.

El lunes, día 15 de este mes de este caluroso mes de agosto, celebramos la fiesta más universal dedicada a una mujer, la Asunción de la Virgen a los cielos. Ella protagoniza el triunfo de la persona y nos desvela el misterio de la vida. Es más difícil aceptar que no hay nada después de la muerte que tener un cierto atisbo, intuición, esperanza de que algo nos espera. Hay en nosotros más signos de vida que de muerte. Es muy corriente despedir a alguien querido con un "allí donde estés". María, la mujer más llena de experiencia de Dios, porque le tuvo en su seno, nos dice con su final de la asunción que nuestro puerto final, con el que soñamos, es verdad, es el cielo.

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