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JC Herrero

Un barrio entrañable

Sobre Ceares y sus necesidades

Justo donde el río Ceares regala nombre, discurre amable y se apacigua permitiendo el baño, se celebraba la romería del barrio Ciares.

Al pie del puente, otrora sembrado de maíz y fabes, también recuerdo el cultivo de lúpulo, eso sí que era permacultura genuina.

En ese mismo reposo, una antigua quinta anuncia desde hace tiempo la venta de hórreo y un precioso molino a los que nadie hace caso.

¡Pena de permacultura! Abandonada a su suerte cuando clama a gritos que la atiendan. Cuánto no trillaría bajo el hórreo la molinera.

También de la parroquia, los Pericones fueron en su día el prau del “Pintu”.

¡Tantas carreras, corriendo la galga, tras alzar la valla y pillar manzanas!

–¡Qué vien el Pintu!– era el grito de alarma, de ellas veces falaz.

Al prau del "Pintu" se vincula la casería donde había una notable ganadería y buenas huertas. Hoy se quieren recuperar por vía subvencionable, llamada sosteniblemente "Next Generation", será por el repunte de nacimientos.

La casería o quinta de Los Pericones languidecía como un reducto dejado a su suerte, hasta que surge el oportuno -¡Eureka¡- abocado a las perras frescas de la Unión Europea, bienhalladas.

No es despotismo ilustrado, pero como si lo fuese.

Tú no puedes obviar a los dieseis mil vecinos del barrio de Ciares con hechos consumados, alteraciones que se consumirán en el más preciado de los espacios de Gijón, el más abierto, el más universal cuyo epicentro es el reposo eterno.

Es, pues, normal, que si juegas a la rasa por tu cuenta con los vecinos de La Arena, y ahora vendes un proyecto de permacultura impermeabilizando la información a los interesados, te salgan ranas en ese charco.

Aunque lo quieras vestir de unidad simulada, vas dejando votos por el camino.

Los del partido, que pisan la calle oyendo las lamentaciones de los barrios.

En etnografía viene de antiguo contar con el “portero” antes de venderle motos a las tribus. Y qué mejor que la representación vecinal de Ciares, a los que tienes sin "Hogar", el del Pensionista, santo y seña de su identidad, al pie de la Cruz.

Toda esa semiótica, sinonimia, debes respetarla. Está bien que gobiernes para doscientas setenta mil almas, pero cada barrio tiene su corazoncito, vaya que sí.

A ver si los entrañables vecinos de Ciares escuchan lo de: -¡Qué vien la ama!-, pero de verdad, y va a visitarles. Nadie va correr la galga, seguro.

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