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Pablo Vázquez Otero

Pablo Vázquez Otero

Guía turístico y miembro del Foro Jovellanos

Primeros pasos por la provincia de León

El prócer sale de Zamora en dirección a Villamañán, tras recorrer varios pueblos en los que recibió distintas atenciones, no siempre buenas

Monasterio de Santa María de Moreruela.

Estaba Jovellanos llegando a Santovenia el 16 de noviembre de 1791 tras haber salido de Zamora capital temprano, como en él solía ser habitual, pero pasaba por el hermoso monasterio de Moreruela, y ahí hago yo parada y fonda porque el monasterio merece una reseña especial para contar su historia y desgranar su arquitectura.

Decía yo en el anterior capítulo que las ruinas de Moreruela son tan evocadoras de por sí que una parada allí merece la pena siempre. Esas ruinas recuerdan la gloria pasada del que fue unos de los más importantes cenobios de la zona, y ya contó desde los primeros momentos con grandes donaciones de reyes de Castilla, León y Portugal.

Se coloca cronológicamente su origen en el siglo XII hacia el 1126, siendo uno de los monasterios cistercienses más antiguos de toda España. Pero tal vez en el lugar existía ya un precedente monástico desde tiempos del rey de Asturias Alfonso III, que bajo el patronazgo del rey leones Alfonso VII el Emperador, la comunidad cisterciense puso en actividad de nuevo en el XII como ya dijimos.

Cómo en tantas ocasiones la guerra de la independencia y la desamortización de Mendizábal hicieron estragos y significó el fin del monasterio entrando en abandono progresivo. Incluso llegó a venderse como cantera, donde los campesinos y lugareños de la zona se llevaban carros cargados de piedra para hacer sus casas.

La estructura arquitectónica era la habitual en el cister, con la iglesia, claustro, sala capitular, refectorio, cocina, cilla etc. La iglesia o lo que queda de ella fue la primera construcción y se trata de una planta de cruz latina con tres naves de nueve tramos y crucero destacado. Pero sin genero de duda la cabecera de tres cuerpos con sus siete absidiolos de forma circular que cierran la girola son el elemento más reseñable del conjunto.

Lugar más que destacado en el camino hacia Santovenia donde llegaba nuestro ilustre viajero y donde se reseña en su diario lo siguiente: "a dormir a Santovenia, donde estamos en casa del párroco D. Diego Aparicio, hombre fino, joven y al parecer instruido, primo de los Altamiranos, de quien traje carta".

Día 17.- "Noche cruelísima; salimos con una mañana igual; a Villaveza una legua, y otra a la barca; todo el camino lleno de charcos e inundado; pasé la barca en coche bien y luego, y dejando Benavente sobre la izquierda, seguimos por la orilla del río hasta San Cristóbal, dos leguas y media; de allí a Villaquejida, una y media; dicen que ésta es la patria de Santo Toribio Alonso Mogrovejo, que, aunque de padres avecindados en Mayorga, nació aquí de paso. Tristísima patria escogió el santo bendito, y tristísimo mesón nos albergó a nosotros, careciendo de todo, hasta de asistencia y abrigo".

Queda patente que Jovellanos llega a dormir a esta localidad zamorana y pernocta en casa del párroco, por cierto, habría que decir que la parroquial de este pueblo se llama Nuestra Señora del Tobar. Y bien temprano en la mañana del 17 de noviembre de 1791 sale con mala climatología y nos habla de pasar la barca. La inexistencia de puentes en estos tramos del río Esla hasta llegar a Benavente hizo que a lo largo de la historia el paso en barcas fuera común. Es curioso que, sumando los tres ríos de esta zona, el propio Esla, más el Tera y el Órbigo llegó a haber 40 pasos en barca. El barquero fue en la época un oficio remunerado, porque las barcas estaban en posesión de la nobleza y el clero, y para usarlas había que pagar una tasa. Hubo barcas donde llegaban a pasar hasta 50 personas. En la que Jovellanos atravesó el Esla en las inmediaciones de Villaveza él pasó con el carro que lo transportaba. Dejando atrás la población de Benavente llega hasta Villaquejida y aquí hace referencia a un santo, Santo Toribio Alfonso Mogrovejo. Se suele decir que este personaje nació en Mayorga, pero no hay existencia de su partida de bautismo, y además se une que su madre, Ana de Robledo y Morán, declaró que su hijo había nacido en Villaquejida que es de donde ella era, con el objetivo de obtener una beca en el Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo, en la ciudad de Salamanca, y que a su vez había sido fundado por Diego de Muros, obispo de Oviedo. De Mayorga o Villaquejida Toribio Alfonso fue un importante personaje del siglo XVI que llegó a ser arzobispo de Lima. Desarrolló una ingente labor evangelizadora y aprendió el quechua, el guajoya o el tuncha, lenguas autóctonas para llegar a las gentes del lugar. Convocó tres importantes concilios en Lima y tras su muerte fue canonizado en 1726 por Benedicto XIII.

Tras parada en Villaquejida y mala atención según comenta Jovellanos sale tras la comida y dice esto: "Salimos a las tres hasta Toral de la Vega, legua y media; este camino, y todo el de la mañana, inundado desde la barca acá; cerca de Toral muchos barros; dejamos a Toral cerca de noche creyendo hallar a Villamañán a una legua de distancia, y está a dos; pasamos por San Millán ya de noche; a una legua sobre la derecha queda Valencia de don Juan, donde hay otra barca sobre el Esla. En Toral hay un palaciote con sus torreones, que es del señor, y está mal conservado. Llegamos a Villamañán a las siete de la noche, habiendo andado hora y media en tinieblas, y más por agua que por tierra. Aún peor que esto es la posada, sucia, fría e incómoda. Dios nos saque en paz de ella; dicen que la noche está serena, y acaso va a cambiar el tiempo con el menguante de la luna de mañana. Quiéralo Dios, y a toser y a dormir".

Llega desde Villaquejida a dormir, malamente como nos indica, a una posada en Villamañán, tras un recorrido de 21 km donde pasa y observa diferentes lugares, aunque ya casi en la oscuridad de la noche. Entre estos lugares destaca porque así lo cita, el "palaciote" de Toral, que es un edificio que aún existe hoy y que llama la atención en la actualidad.

Edificio con arquitectura en tapial y posiblemente construido ya en el siglo XIII. Perteneció a Juan Ramírez de León, alcalde de León, y a su esposa, María García de Toledo. En tiempos de Ramiro Núñez de Guzmán, conocido comunero, es totalmente reformado. Contaba con un gran foso que lo circundaba y tenía planta cuadrada con torreones en los ángulos y gran patio de armas. Como anécdota histórica citar que aquí pernoctaron los Reyes Católicos en uno de sus viajes entre los días 15 y 17 de agosto de 1487.

Y ya en la oscuridad de la noche llega a Villamañán, donde en su historia se habla de dos posibles orígenes, uno ligado al mundo romano ya que en el escudo de la familia Flórez Villamañán sale, según la heráldica, la espada de San Marcelo Centurión, y que de este santo desciende la familia. San Marcelo se dice había sido centurión en el siglo III de la Legio VII, el origen de la ciudad de León, y que abrazaría la fe cristiana siendo decapitado por ello y convirtiéndose en mártir y posteriormente en santo, siendo uno de los patrones de la ciudad leonesa.

Con respecto al origen tal vez mozárabe de Villamañán, se habla de un tal Mannan que en el proceso de repoblación de Ordoño I y Alfonso III se asentaría en esta zona, pero todo gira en los ámbitos del mito y la hipótesis.

Nuestro ilustre viajero duerme en una muy mala posada como bien nos indica en su texto y nos lo describe de un modo fantástico con esa lapidaria frase de "Dios nos saque en paz de ella".

En el Diario Jovellanos salta directamente al día 25 de noviembre porque el día 18 va de Villamañán a León y allí se detiene entre el mismo 18 y el 25 de noviembre, para a continuación continuar su narración tras salir de León, ese el fragmento que ya veremos en el próximo capítulo y que le llevará hasta la población de Buiza.

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