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Iván Pérez del Río

Las sensibilidades del PP

Hay dos fechas que deberían estar grabadas a fuego en los populares asturianos. La primera, junio de 2003 en Gijón. Después de las municipales de aquel año el PP celebró un Congreso que ganó Pilar Pardo y en el que perdieron Cascos y Cherines. En aquellos días se empezó a desmoronar un reino de tafias, de miedo, de rencor y de malas artes instaurado en el PP asturiano desde sus orígenes. Tanto que, sin el mal presente, los populares cosecharon los mejores resultados, incluso sin olas nacionales acompañando.

Diez años después, cumpliéndose el dicho de que "mala hierba nunca muere", una de las primeras cosas que hizo la del rencor fue cortarle la cabeza a Pilar y su Junta Directiva. Si de modo continuo hay una dirección nacional que alimenta la "mala hierba" con cargos públicos, difícil que desaparezca, más cuando se le encarga pilotar la "transición" del PP asturiano.

La segunda fecha es enero de 2011, Cascos, que ahora parece imprescindible para "unir" se fue del PP y fundó su propio partido simplemente porque Rajoy no le puso a él de candidato. Ejercer la autoridad siempre es fácil, el reto es asumir con humildad las decisiones de otros. El daño que Cascos causó al partido en Asturias fue grande. Nueve años después, es expulsado del partido que él fundó, imputado por apropiación indebida. De su fugaz presidencia del Gobierno astur: cero.

No nos engañemos, en el PP de Asturias no hay varias sensibilidades. Es el mismo problema repetido, tanto que lo hacen inoperativo para hacer oposición y ser alternativa.

Como en cualquier partido político democrático (un gran ejemplo es el PSOE), la unidad ha de girar en torno a Congresos en los que se presenten cuantas candidaturas sean necesarias, en el que haya debate. La gestión de las diferencias no se puede pretender desde un despacho, salvo que el despropósito sea mayúsculo.

Con la polémica comida el único que gana es Cascos, desaparecido y ahora de nuevo en escena (a espera de juicio). El PP debería llegar a la mano negra que filtró el vídeo y depurar responsabilidades, más si se trata de un cargo, ¿qué pretendía el filtrador/a? Sería muy triste que el futuro del PP pase por resucitar viejos fantasmas, o por apostar por aquellos/as que con tal de ganar "cacarean" información sensible contra compañeros y que, según parece, llegan a aducir con argumentos extemporáneos la presencia de ciertos lobbies –cuales sean–. Ambos reflejan el mismo PP de siempre: vertical, autoritario, desfasado, con visos de ser más un negocio de algunos que una institución al servicio de la sociedad.

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