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Filippo Priore

Por libre

Filippo Priore

Los reyes del mambo

Reconozco que es una manía a veces incómoda, pero admito que me motiva el hecho de opinar contracorriente, porque nada más aburrido que seguir la opinión de la mayoría, cuando además, no existen aún certezas fehacientes para unirse a ella, y no dejan de ser meras cábalas o apuestas ciegas.

El verano siempre ha sido época de amoríos que con la llegada del otoño se van olvidando, para desaparecer con el invierno.

Pero lo cierto es que en Gijón parece que se ha expandido como una pandemia, el amor incondicional por los nuevos dueños (que no ‘amos’), del Real Sporting SAD. Pocos amores más pasionales he conocido en mi medio siglo de existencia, treinta de los cuales bajo la desastrosa gestión de los anteriores propietarios.

Pero a mí para enamorarme hacen falta más que esa dialéctica privilegiada de nuestros hermanos sudamericanos. Una gestión necesita de un tiempo para poder juzgarse, porque de lo contrario se corre el riesgo de caer en la mayor desilusiones.

Hasta ahora los hechos conocidos de los flamantes propietarios que conocemos es que han hecho una limpieza en Mareo que ni con Mr. Proper, muchas de las cuales seguramente merecidas, pero otras como la de Germán Robles discutible.

También sabemos que apenas se hicieron con el club, incumplieron la palabra, que ha de ser siempre sagrada en una entidad como la nuestra, aun dada por los anteriores mandamases, de un encuentro con uno de los clubes que nos dieron una de las mayores satisfacciones de los últimos años. Veremos cómo nos recibe el Lugo en nuestra próxima Mareona y si seguimos siendo primos hermanos.

Lo siguiente que conocimos fue su intención de que El Molinón sea sede en el Mundial que seguirá al de la vergüenza en Catar. Claro que, para eso, no siendo de su propiedad el estadio, como no lo es Mareo, ambos de propiedad municipal, quieren convencer a los políticos actuales de las bondades de una inversión para aumentar el aforo de un estadio, que habría que ver luego si tendría cada jornada ese ambiente a reventar que ahora luce para envidia de muchos clubes.

Y lo último fue que tanto hablar de la ilustre historia del Real Sporting, en el primer partido disputado en casa, hayan tenido el descuido (quiero pensar) de no invitar al palco a dos asociaciones que guste o no, han sido parte vida durante décadas de esa historia. Extrañó resultó sin embargo ver en él a nuestra regidora, quien ya ha manifestado su desinterés por el fútbol. Está bien eso de que "los palcos son para hacer negocios", pero hay que preservar la discreción. La misma que exige el protocolo para sentarse en el palco, evitando salvo casos excepcionales, plagarlo de personas con la camiseta del equipo anfitrión. Cuestión de elegancia. Que uno no puede crearse el rey del mambo porque ahora todo sean aplausos. Que en El Molinón los aplausos se tornan en silbidos apenas cambie el sentido del viento.

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