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Logros y retos del Colegio

Aparte de nuestro esfuerzo, necesitamos la ayuda de nuestros gobernantes

Hemos disfrutado de una maravillosa cena, en este marco incomparable que es el Club de Regatas y compartiendo entre compañeros la celebración de esta fiesta colegial. Una celebración que, además, se funda en el reconocimiento del buen hacer como profesionales de la abogacía, de muchos y muchas hoy presentes en este acto. Y es que, como escuché decir en una ocasión, a una decana a la que aprecio enormemente, somos personas y nos gusta sentirnos estimados y apreciados; distinguidos y reconocidos; respetados y dignificados.Queremos ser tratados así de bien en todas las esferas de nuestra vida, ya sean públicas o privadas, ya sean personales o profesionales; y nunca esta Junta de gobierno se cansará de reivindicarlo.

Esta mañana, en la misa en recuerdo de nuestros compañeros fallecidos una frase me hizo reflexionar para recordar que debemos dar las gracias a ellos y ellas que tanto han hecho por la Abogacía y que tanto han dado por la dignidad de la profesión y en pro de nuestro Colegio

Un Colegio que este año ha tenido la fortuna de desarrollar un acto en nuestra sede colegial, organizado por el Ministerio de Justicia y con la presencia y presidencia de la ministra doña Pilar Llop; un Colegio, el nuestro, que vive con ilusión y esperanza el ansiado fin de la crisis socio sanitaria. Un Colegio, el nuestro que se siente muy orgulloso de los compañeros que han sido distinguidos de forma especial, en el día de hoy y que han dejado en el sendero de nuestra profesión las tres "Es" que les caracterizan: excelentes personas, extraordinario compañeros, excepcionales Juristas. Y que también se muestra orgulloso por quienes hoy recibís el diploma de 25 años de colegiación, cumpliendo fielmente las obligaciones de vuestra condición de profesionales de la abogacía.

Cuando nuestros líderes políticos y gobernantes auguran un invierno durísimo plagado de calamidades, en medio de una crisis económica, energética y moral, sin precedentes. Nosotros alertamos a nuestros responsables de que, pese a todo, seguiremos formándonos para procurar la mejor atención a nuestra sociedad, y con una conducta ética intachable e incuestionable. Porque sabemos que la justicia de calidad es un valor inexcusable de nuestra sociedad y que nosotros y nosotras somos un pilar fundamental en la preservación del Estado social y democrático que todos ansiamos.

Y para ello, aparte de nuestro propio esfuerzo, necesitamos la ayuda de nuestros gobernantes.

Nuestros responsables políticos saben que venir a esta celebración no es gratis. Que se paga el precio de escucharme reclamar de ellos la mayor altura de miras posible para dotar a los profesionales de la abogacía de los mejores medios, de las mejores retribuciones, que permitan la prestación del servicio de excelencia que demanda nuestra sociedad; una sociedad que entiende la justicia como un valor social inexcusable y que ve en la abogacía la mejor y única defensa de sus derechos e intereses.

En coherencia con todo ello, hemos de recordar la reciente aprobación del proyecto de Ley Orgánica del Derecho de Defensa; la persistente lucha de la abogacía por conseguir que en la reforma de la ley concursal se plasmase la preceptiva intervención letrada en determinados tramites; o, cómo no, la presencia en trámites de información pública de las tres leyes de eficiencia.

A una de ellas, la digital, se están dedicando por la abogacía importantes esfuerzos por conseguir que las futuras herramientas de digitalización sean fácilmente usables, interoperables con otros territorios y adecuadas a las necesidades de acceso al expediente electrónico judicial.

Quiero destacar que, en la reciente visita de la ministra de Justicia, se puso de manifiesto el papel activo y pionero de nuestro Colegio en estos procesos; y así seguiremos trabajando por hacer que sea más fácil el día a día del quehacer profesional de un abogado.

Un impulso de las nuevas tecnologías que este Colegio emprendió siendo decano Sergio Herrero y que ahora prosigue nuestra Junta de Gobierno; porque yo no olvido que un decano ha de ser digno heredero del legado que le proporciona su antecesor.

Y permitirme, en este momento, que tenga unas palabras para mi compañero Luis Albo, decano de Oviedo. Quiero públicamente reconocerle su estimada y leal colaboración con nuestro Colegio en todos los asuntos que conciernen a la abogacía asturiana. Y aunque allí ya se sabe, quiero destacar que Oviedo tiene un magnifico Decano que siempre ha sido un firme defensor de los derechos de sus compañeros y que, al igual que lo ha sido Sergio, es para mí un referente para un mejor desempeño de mi cargo de Decano.

Me uno a su reincidente reivindicación de unificación de las sedes judiciales en su ciudad, y aprovecho para recordarle a la viceconsejera de Justicia, nuestras justas pretensiones en materia de justicia gratuita, incremento de medidas relacionadas con el equipo sico social y otras muchas; aunque sería muy injusto omitir que en ella siempre hemos encontrado puerta abierta y capacidad de dialogo.

Misma actitud de diálogo y colaboración hemos hallado en nuestro Tribunal Superior de Justicia de Asturias, con su presidente al frente y con quien hemos mantenido numerosas reuniones en aras de solventar problemas que hallamos en el ejercicio de nuestra actividad profesional. Algunas tan sencillas, pero a la vez tan problemáticas como las dificultades de acceso físico que se tienen en algunas sedes judiciales.

De hecho, pensando en las palabras que quería pronunciar en este acto, me vino a la memoria un recuerdo de niño; en tiempos muy lejanos, a esta fiesta de confraternización, el Colegio invitaba también a los pocos funcionarios judiciales que desempañaban su labor en los juzgados de Gijón. A mi padre, que era oficial del Juzgado, le acompañábamos casi hasta la puerta de este mismo Club de Regatas en el que se celebraba la comida de la Fiesta.

Es curioso. En aquellos tiempos eran muchas las maneras de relacionarse con otros profesionales, con funcionarios, incluso con jueces y fiscales. Sin embargo, ahora, todo el mundo se empeña en crearnos barreras de separación, físicas y visibles como esa barra de bar tan de moda en los arquitectos de lo público; o barreras invisibles como la cita previa.

No quiero alargar mas mis palabras. Creo que esta noche es de ilusión y alegría; de recuerdos entrañables y de certeza del valor de la amistad y el compañerismo.

Como siempre digo, con estos compañeros y compañeras, me siento muy orgullo de ser el Decano del Colegio de la Abogacía de Gijón.

Muchas gracias a todos.

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