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La Nueva España

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Maria Carmen Veiga

La Alcaldesa en su laberinto

En su contra se han lanzado numerosas campañas estratégicamente orquestadas

Como sé que es buena gente, no puedo imaginarme que Ana González Rodríguez, cuando entró ilusionada por primera vez en el despacho de la Alcaldía de Gijón, pensase en que miles de ojos maliciosos iban a estar inmisericordemente alerta ante su primer traspié o ante su primera decisión valiente y comprometida.

Pero así ha sido. Desde el minuto uno, obviando su experiencia política y profesional, se creó una tela de araña con el único objetivo de presentarla como una persona alejada de Gijón y sus problemas, sin liderazgo, enemiga de los hombres… y otras lindezas que por burdas e impresentables me voy a abstener de enumerar.

Es difícil mantenerse alejada de esta situación cuando, además, en el momento en que el gobierno municipal empezaba a acometer el cumplimiento del programa electoral, apareció una pandemia que obligó al mundo a cambiar sus comportamientos. Durante dos años la Alcaldesa y su equipo tuvieron que enfrentarse, con éxito por cierto, a los retos a los que obligó esta delicada situación. A pesar de ello se siguió trabajando y buena prueba es lo conseguido durante estos tres años, pandemia por medio que la tuvo alejada de la calle. Solamente desatascar lo que, durante ocho años, estuvo durmiendo el sueño de los justos es ya una ingente tarea, pero los teléfonos y los viajes a Oviedo y Madrid, cuando se logró retomar el pulso con cierta normalidad, nos indican hasta qué punto esto es así. ¡Curiosa la desmemoria!

Ana, como ella misma dice, tuvo la suerte de elegir la ciudad en la que quería vivir: Gijón. Estaba manifestando su cariño e interés por nuestro concejo a pesar de los mentideros que la hacen vecina de La Fresneda en donde, ciertamente, tiene una casa. ¿Supone esto que cualquier persona que tenga una segunda residencia fuera de Gijón está inhabilitada para representarla? ¿Inhabilita a una persona, acaso, haber nacido en otra ciudad para formar parte de la corporación municipal o de la vida pública del municipio? Si fuera así, ¡cuánta gente tendría que dejar Gijón! ¡Cuánto perderíamos como concejo, como ciudad abierta y plural!

A su liderazgo, que quedó demostrado cuando se presentó a unas primarias ganándolas en buena lid, se debe el intento de hacer de Gijón una ciudad con futuro, consiguiendo fondos europeos que la orienten hacia la vanguardia y el progreso. Ciertamente los cambios siempre traen desajustes e incomprensiones, pero es precisamente el liderazgo y la valentía para acometerlos lo que distingue a la persona comprometida con la que no lo es. Claro que es más fácil sonreír y no hacer nada… Pero, al fin y a la postre, ese quietismo que no estorba acaba pagándose.

En su contra se han lanzado numerosas campañas estratégicamente orquestadas como aquella que buscaba evidenciar un pretendido odio a los varones, manipulando una intervención en la que se manifestaba contraria a la prostitución. De otros calificativos, ni quiero ni puedo, por propia estimación, referirme a ellos.

Mientras todo esto ocurre, la Alcaldesa entra todas las mañanas en su despacho dispuesta a enfrentarse con los problemas del día a día, ignorando, resilientemente, el acoso al que está sometida. Espero y deseo que el buen sentido de la ciudadanía vea esta situación como lo que es y que, al fin y a la postre, triunfe el sentido común.

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