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David Alonso

El intercambiador de El Humedal

Sobre el auténtico epicentro de la movilidad de viajeros, algo que ya se sabía desde hace décadas

El intercambiador de El Humedal viene a solucionar el barullo de tránsito de autobuses de nuestra ciudad, o eso se dice, y puede que la solución final que se ejecute lo haga. No lo dudo.

Pero, ¿a cambio de qué? En Gijón no tenemos estación publica de autobuses y conviene explicar por qué. La competencia, en lo referido a las infraestructuras públicas para el transporte de viajeros por carretera, es del Gobierno del Principado de Asturias, no lo es ni del Ayuntamiento ni de ningún departamento de ningún Ministerio. Es decir, siendo claros, que no haya estación de autobuses pública en Gijón es responsabilidad del Gobierno autonómico.

Pero no es tan sencillo el tema. Esa estación de autobuses inexistente, a principios de los años noventa del siglo pasado, se iba a hacer junto a la estación de trenes en El Humedal (la que se tiró abajo en 2014), sin duda la mejor ubicación de las posibles, justo, bendita casualidad, en el entorno donde va ahora el intercambiador. Pero esta decisión, que nunca se ejecutó pese a aprobarse en un Pleno municipal, pasó al olvido cuando a finales del siglo pasado se decidió incluir la estación pública de autobuses dentro del proyecto global del metrotrén. Se decidió unir su futuro al de los trenes. Entre otros motivos, por el reparto de costes para su construcción, que recogieron los convenios publicados hasta el momento y, quién sabe, en los que estén por venir. El último presupuesto para esta estación pública fue de 30 millones de euros. El intercambiador de El Humedal va a costar quince veces menos (2,1 millones) y con financiación europea, esa misma financiación que parece ni existe ni se la espera ni para la estación de trenes, ni para las líneas de Cercanías ni para la propia estación de autobuses, debe ser porque no son una prioridad para los que nos gobiernan.

Dice el Principado y, por lo que se ve, ahora también el Ayuntamiento de Gijón, que este intercambiador "permitirá gestionar mejor el tráfico ya existente en lo que es por defecto un nudo de comunicaciones". Y, efectivamente, lo es. Pero lo es porque no se han ejecutado las infraestructuras a las que están obligados, es decir la estación de autobuses pública. Pero la cosa es aún más rocambolesca, se ha defendido hasta la extenuación por parte del equipo de gobierno local, que la estación de trenes y por tanto la de autobuses asociada a ella, que la nueva (vieja) ubicación de Moreda es perfecta y céntrica. Bien. Pero ahora señalan y demuestran que El Humedal es el auténtico epicentro de la movilidad de viajeros, como ya se sabía desde hace décadas, lo que no frenó la idea de alejar cada vez más la estación de trenes y la estación de autobuses de este punto, bajo el mensaje, falso mensaje, de la eliminación de no sé qué cinturón ferroviario y cuatro palabras más a las que siempre acompañaba el adjetivo "sostenible".

Yendo un poco más allá, cabe preguntarse qué sentido tiene una intervención urbanística en esta zona, cuando se supone, ellos mismos lo dicen, que el proyecto del metrotrén se va a ejecutar pronto. Si realmente alguien en esta ciudad aún se cree el proyecto del metrotrén, sabrá también que ese proyecto tendrá una intervención total sobre la movilidad de la zona, llevando todos los autobuses interurbanos y regionales a la futura estación de autobuses y sacándolos del centro de la ciudad, que es donde tienen que estar, y dejando la distribución de viajeros dentro de nuestra ciudad en manos de Emtusa, que es de quien debe ser. Porque lo que en realidad está pasando es que el transporte público de viajeros en Asturias está quedando en manos de Alsa y asumir como bueno el modelo de coger un autobús en Gijón o en Oviedo (que es más del 60% del transporte total de viajeros que asume nuestra ciudad) y que este autobús atraviese la ciudad dejando viajeros por los distintos barrios no es ni sostenible ni precisamente el modelo publico ideal, dado que se olvida de los dos elementos claves que deberían alimentar el transporte público sostenible, el tren de cercanías y el autobús urbano.

Este intercambiador refrenda una realidad como bien señalan los actores implicados, pero una realidad que debería desaparecer, dado que ese transporte debería dar uso a la estación pública, no a espacios improvisados y mal resueltos. Si creemos lo que nos dicen, una vez que esté en marcha el metrotrén, ese intercambiador, esas chapas en forma de macro marquesina que pondrán, pasarán a no tener ni sentido ni función, como la macro rotonda de entrada a la ciudad. Quedaría todo pa prau. Es decir, se trata de una obra provisional, de igual manera que la actual estación de trenes de Sanz Crespo lleva siendo provisional desde el año 2011. Porque si no es así y no es provisional, ¿querría decir que no se ejecutara la estación de autobuses pública? ¿Qué creéis vosotros que sucederá en nuestro Gijón del alma?

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