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Jaime Torner

La polémica del aborto en EE UU

Recientemente, en EE UU surgió un tema enormemente polémico cuando once estados prohibían el derecho al aborto, amparados por una resolución de su Tribunal Supremo que lo consideraba anticonstitucional. La mayoría de dichos estados pertenecen al sur del país y presentan un talante conservador heredado de la antigua confederación sureña, destacando muy especialmente el estado de Texas. Me explico:

En primer lugar, en Texas la prohibición del aborto es absoluta, incluyéndose los casos de violación o incesto, mientras el personal sanitario responsable de practicarlo puede ser inhabilitado, sancionado con multas superiores a 100.000 dólares o, incluso, condenado a cadena perpetua. Simultáneamente, Texas es un Estado con vigencia de la pena capital y tolerante con la tenencia ciudadana de armas para la defensa personal, motivo por el cual han surgido episodios como la trágica masacre del pueblo de Uvalde, perpetrada por un joven descerebrado de 18 años. ¿Cómo puede concebirse semejante paradoja?

En segundo lugar, la prohibición del aborto en dichos estados contrasta con su vigente legalidad en otros (como California o Illinois), implicando una inevitable saturación de sus centros de planificación familiar. Sin duda, esta atípica situación podría generar un duro debate electoral entre los Demócratas (favorables) y Republicanos (contrarios) durante las próximas legislativas.

En tercer lugar, actualmente, el aborto está financiado por el Gobierno federal en casos de emergencia médica, aunque, en ciertos hospitales del sur de EE UU, esta disposición de presunto obligado cumplimiento es ignorada debido a ciertas sentencias contrarias emitidas por jueces locales (como ha sucedido en Texas).

Actualmente, España se encuentra en las antípodas de EE UU respecto a esta polémica porque, en agosto, el Consejo de Ministros aprobó la nueva Ley del Aborto (pendiente de tramitación parlamentaria), mediante la cual se permite poder abortar a jóvenes de 16-17 años dentro de las primeras catorce semanas de gestación, sin precisar consentimiento paterno ni un período de reflexión.

Dicho lo cual, como médico, siempre he defendido la vida dentro de lo humanamente razonable y creo que, si bien debería permitirse la interrupción voluntaria del embarazo en los casos de violación o con riesgo de vida para la gestante, no se puede supeditar una vida humana a la inmadura decisión de una adolescente que todavía no alcanza la mayoría de edad ni tampoco se le permite votar.

En definitiva, entiendo que la existencia de posturas tan radicalmente extremas ante semejante problema moral y social justifica un proceso de reflexión sobre cómo debe ser una sociedad teóricamente avanzada; independientemente de su eventual carácter progresista porque, atendiendo lo comentado, no me parecen términos superponibles.

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