Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Isabel Menéndez Benavente

Insomne 2

Y no duerme, pero sueña

"Y no duerme, pero sueña… Y se levanta y disfruta de la soledad y del tiempo, ese que hace tanto ha perdido. Tiempo para ella… Para pensar, para llorar, para oír música, para leer, ahora que está sola, y todo está en silencio… Para escribir mentalmente cartas que nunca llegarán a su destino, para decir a todos aquellos tantas cosas que nunca le ha dicho a nadie, que nunca nadie oirá porque solo es la voz de sus pensamientos. Cartas y palabras que nunca escribirá ni pronunciará, en las que pide perdón, o en las que pide atención, o miradas o caricias, en las que trata de justificar, de explicar, de expresar todo el amor o el dolor que siente, o simplemente en las que vuelca toda la necesidad que tiene de que alguien realmente la conozca de verdad… Porque nadie lo hace. Miles de preguntas que nunca nadie le responderá… Charlas imaginarias con esos hijos adolescentes que parecen mirar sin verla… Sonrisas que se han perdido y que ella recrea una y otra vez, emociones que se quedarán para siempre con ella en todas y cada una de las noches en las que las horas pasan lentamente, mientras el tiempo apremia y el cuerpo cansado le pide a gritos una tregua. Pero no puede, ni quiere, y me mira y me dice que en esos momentos es ella misma, y que puede serlo muy pocas veces… Que trabaja en casa y fuera, y que siempre está ahí, pero que nadie la ve… Por eso es en esas noches, mientras el mundo entero está dormido, con la conciencia tranquila, cuando ella se pregunta si habrá educado bien a sus hijos, si el que duerme a su lado será feliz con ella, si está siendo egoísta, si estará haciendo todo lo que puede por su familia, y en su trabajo, en su casa, en su vida… Ahora que está tan tan cansada. Me cuenta que son noches para echar la vista atrás, para recordar, para dejar que la nostalgia caiga por sus mejillas ahora que nadie la ve… Mientras fuerza una sonrisa para que nadie intuya sus lágrimas y me dice, sonriendo, que son también noches para soñar…". Esto lo escribí hace 17 años. Hablaba de una paciente, que era en realidad yo misma. Esa paciente que soy yo. Que vuelvo a ser esa insomne desde hace muchos muchos meses. Entonces era joven, mis hijos adolescentes, la vida aún por delante. Ahora vuelvo a vagar por esta casa vacía cada noche, pero los sueños se van desvaneciendo a la vez que los achaques y las arrugas se instalan en el alma. No, no es depresión, qué va. No se me acaban los momentos de total felicidad. Cuando las veo a ellas, mis nietas, esas que soñaba hace 17 años, esa plenitud total que siento cuando mis hijos son felices, cuando él aún me mira diferente, o cuando mi trabajo me trae las palmadinas en la espalda que sigo esperando de todo el mundo como si fuera una niña pequeña. Y sigo siendo la misma. Una niña en un cuerpo agotado que solo demanda amor porque a ella es lo único que le queda para ofrecerles. Pero casi no quedan fuerzas. Pero sé que solo es que porque estoy cansada. Solo es eso.

Compartir el artículo

stats